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No olvidamos a los mineros. “Octubre rojo en Asturias”, de José Díaz Fernández (Asturias, 1935)

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No podemos olvidarnos de los mineros. El año pasado desarrollaron una de las más grandes luchas obreras de los últimos tiempos, anunciando las confrontaciones que están por venir. Aunque ilusionaron al país entero y concitaron el apoyo de todos los demás sectores en lucha de la sociedad española (trabajadores de la enseñanza, de la sanidad, etc.), al final la huelga se saldó con una incuestiMineros-huelga-cortes-carretera-Asturias-Leononable derrota.

Hoy se esfuerzan algunos grupos en Asturias, León y Teruel por mantener encendida la llama de la rebeldía minera, soportando el furioso ataque de los empresarios mineros y de la propia Administración estatal, dispuesta a acabar definitivamente con la minería del carbón en España mientras que, al mismo tiempo, abre las puertas a las multinacionales extranjeras que quieren llevarse las riquezas —ahora revalorizadas—que se esconden en nuestro subsuelo y cuya extracción anteriormente no les resultaba rentable (oro, cobre, gas natural, etc.)

El escritor valenciano Manuel Ciges Aparicio relata en su obra Los Vencedores, de 1908, el aplastamiento y la opresión brutal que sucedieron a la derrota de la huelgona minera que tuvo lugar en Mieres entre febrero y abril 1906. Hoy se vive en las cuencas mineras de Asturias y León una situación similar: despidos masivos, grandes rebajas en las condiciones laborales y arrogancia sin límites de caciques mineros como Victorino Alonso, digno representante del feudalismo industrial que denunciara Ciges hace más de cien años. Las victorias traen avances; las derrotas, retrocesos.

Sin embargo, y aunque la desmoralización debe ser allí muy grande, son muchos los que intentan resistir. Los problemas que tienen que enfrentar son importantes. La huelga del pasado año ha puesto en evidencia la caducidad de las clásicas formas de lucha que durante décadas se han venido empleando en las cuencas. Los encierros en los pozos, las marchas negras a Madrid, los cortes de carreteras más o menos pactados, pudieron resultar útiles en otras épocas pero se han revelado ahora como totalmente ineficaces cuando se trata de enfrentar la política de un Gobierno que —cumpliendo a pie juntillas las órdenes que recibe de los organismos internaciones que tienen secuestrada la soberanía nacional— no está en condiciones de recular en su objetivo de acabar definitivamente con la minería del carbón en España.

mineros2

Sin embargo, las organizaciones sindicales insisten una y otra vez en su intento de enredar a los mineros en maniobras de distracción y han vuelto a exigir al Gobierno que convoque la llamada Mesa del Carbón, “para dotar a la minería de un marco regulatorio estable que garantice un presente y un futuro para todo el sector y las comarcas mineras”.

Durante un tiempo y mientras hubo abundancia de dinero, se invirtieron grandes cantidades en las cuencas. Se trataba, por un lado, de alimentar la misma economía del ladrillo y el cemento que se imponía en el resto de España: inversiones en infraestructuras, polígonos industriales de dudosa utilidad, obras públicas diversas, etc. De esta forma se generaba empleo y actividad económica en las comarcas mineras, pero era un empleo y una actividad económica que estaban condenadas a desaparecer en cuanto se vieran recortados los fondos públicos que las alimentaban, como así ha sucedido. A pesar de la cuantiosa inversión realizada, hoy nadie pone en duda que los fondos MINER no consiguieron “promover en general un nivel de actividad suficiente y diversificado para superar la dependencia que dichas comarcas tienen respecto a la minería del carbón”, como se concluyó en 2005 al evaluar el plan desarrollado desde 1998.

MANIFESTACION DE MINEROS EN ZARAGOZA

Por otro lado, mediante prejubilaciones, becas para estudios de los hijos en el extranjero (becas MINER), etc., se apaciguaba a los mineros para que no se rebelaran, mientras que ante sus ojos se iba desmantelando la principal fuente de riqueza de las cuencas astur-leonesas y turolenses –lo mismo se hizo en la de Huelva (Riotinto), Ciudad Real (Puertollano) y Córdoba (Valle del Guadiato) — sin que se pusiera en marcha una verdadera reconversión industrial que sustituyese una fuente de riqueza por otra. Y las industrias que se pusieron en marcha al calor de las subvenciones mineras, se están desmantelando rápidamente una vez que dichas subvenciones se han visto recortadas (Rioglass, LM Wind Power, Alas Aluminium, etc.)

Huelga LM Ponferrada  Huelga Alas Aluminium  trabajadores-Rioglass

Desde esta perspectiva, las ayudas MINER no han sido sino una versión astur-leonesa del binomio PER-Subsidio agrario que se implementó en Extremadura y Andalucía. En ambos casos se trataba de apaciguar a los obreros, taparles la boca, a sabiendas de la importancia que las luchas de mineros y jornaleros habían tenido tiempo atrás en España (principalmente en los años de la República, pero también con posterioridad).

A través del subsidio agrario y del PER, los jornaleros extremeños y andaluces fueron relativamente contenidos mientras veían como el histórico latifundismo se perpetuaba en la España democrática; y a través de las ayudas a la minería, los mineros del norte se conformaron relativamente mientras contemplaban como el principal sector económico de las cuencas se desmantelaba de forma progresiva ante la exigencia y con la financiación de la Unión Europea.

No obstante, para que la estrategia funcionara era necesaria la concurrencia de un importante factor: la burbuja inmobiliaria, cuyo auge permitió mantener relativamente contenidas las cifras del desempleo en ambas regiones, proporcionando alternativas económicas a la economía minera, en un caso, y agraria, en otro.

Pero todo se ha venido abajo con el estallido de la burbuja inmobiliaria española que ha resultado de la crisis del capitalismo internacional. Al Gobierno del PP le ha tocado ahora ser el sepulturero de la minería del carbón en España y ha procedido a recortar bruscamente buena parte de los recursos que servían para financiar el desmantelamiento y la supuesta “reconversión” de la economía de las cuencas mineras asturianas, leonesas y turolenses. Los mineros, viendo la magnitud del ataque que contra ellos se desataba, se lanzaron a una larga huelga durante el verano del pasado año, recurriendo a las tradicionales formas de lucha del proletariado minero español. Y aunque hubo episodios de gran combatividad (que dieron lugar a otros de gran represión, como la ocupación de Ciñera de Gordón por la guardia civil en julio de 2012), de la batalla salieron finalmente derrotados.

mineros Ciñera

Se dice que la situación que se vive en las cuencas desde última huelga es hasta tal punto opresiva que muchos están alertando sobre la posibilidad de que se produzca en breve un estallido social. Pero no un estallido organizado por los viejos dirigentes sindicales, alguno de los cuales (como el histórico José Ángel Fernández Villa) han aprovechado, oportunamente, para jubilarse, sino un estallido de otro tipo, de otra magnitud, probablemente más virulento.

También en Extremadura y Andalucía se presiente un posible estallido, pues la situación es a todas luces insostenible. Las renovadas escaramuzas publicitarias de Sánchez Gordillo y Cañamero parecen informar también sobre la dimensión de la crisis, al tiempo que ponen de manifiesto, igualmente, la ineficiencia de sus formas de lucha (ocupaciones simbólicas de latifundios, para llamar la atención sobre la actualidad del histórico problema de la tierra).

En solidaridad con la lucha de los mineros asturianos, leoneses y turolenses ponemos hoy a disposición de los lectores de este blog la obra, escasamente conocida, de José Díaz Fernández Octubre rojo en Asturias, publicada en 1935.

Octubre rojo en Asturias

José Díaz Fernández nació en un pueblo de Salamanca en 1898 pero desde muy temprano se trasladó a Castropol, Asturias, y posteriormente a Oviedo. Fue un recocido autor literario y periodista. Fue elegido Diputado a Cortes por Asturias en representación del partido radical-socialista. Durante el bienio derechista se aparta de la política y se dedica totalmente al periodismo. Con motivo de la insurrección de Asturias en 1934 publica, bajo el seudónimo de José Canel, la novela Octubre rojo en Asturias, en la que intenta explicar las razones del fracaso del movimiento revolucionario. Entre las razones de este fracaso, destaca Díaz Fernández que “lo peor fue que desde el primer momento la sublevación estuvo descentralizada. En realidad cada región actuó por su cuenta, sin responder a una elemental unidad de acción”. (…)

Diez días después de haberse extinguido los focos revolucionarios en el resto de España, aun combatían los obreros asturianos. Dos cuerpos de ejército tuvieron que atacarlos por distintos sitios, además de las fuerzas que resistían el sitio de Oviedo. Para entrar en Asturias hubo que recurrir a las tropas coloniales de Marruecos, que iban en vanguardia y trataron a la capital como a una ciudad en guerra. Ya he dicho que allí es donde únicamente se hizo el frente obrero revolucionario. Esto, unido a lo abrupto del terreno hizo que allí surgiese una verdadera revolución, deficientemente organizada, esta es la verdad” (…)Asturias 1934

Los obreros de Asturias demostraron una capacidad combativa extraordinaria. ¿Por qué fueron ellos solos, entre los de toda España, los que lucharon con cierta cohesión y con auténtico arrojo revolucionario? Este es un tema de psicología proletaria muy interesante. El minero asturiano es un obrero que, reuniendo las características del trabajador industrial, posee también el empuje primitivo del montañés. En las Casas del Pueblo está en contacto con las ideas revolucionarias, que llegan a través de la lucha de clases, pero no es de todos modos el obrero urbano que disfruta de algunas ventajas de la civilización; vive en las aldeas de la montaña, en los suburbios de la cuenca minera, y allí conserva, al lado del odio al poderoso, la fiereza del montañés”.

Quizás las lecciones de la insurrección de 1934 sirvan, en alguna medida, para la época actual. Los mineros comentan que, entre las razones de la reciente derrota se encuentra la debilidad numérica: somos ya muchos menos de los que éramos hace varias décadas. Puede que en verdad sea esa una causa a tener en cuenta (aunque en 1934 eran muchos más y tampoco fueron suficientes). Pero entonces habrá que concluir resaltando la necesidad de que en las próximas luchas los trabajadores asturianos y leoneses no luchen solos y sean capaces de fundir la lucha de los mineros con las de otras regiones y sectores del pueblo español.

Y puestos a unir luchas, habrá que buscar los aliados, no tanto en los “obreros urbanos que disfrutan de algunas ventajas de la civilización”, sino en los que conserven, “al lado del odio al poderoso, la fiereza del montañés”. Quizás sea en esos jornaleros andaluces y extremeños de los que antes hablábamos donde los mineros asturianos y leoneses encuentren esos fieros compañeros de lucha que tanto están necesitando. El Gobierno, quizás temiendo tal confluencia, no se ha atrevido, de momento, a recortar los fondos del PER-PROFEA/ Subsidio-Renta agraria, como si intentara hacer, sin éxito, el Gobierno de Aznar en 2002. De hecho, para contener la situación en el campo del Sur, la Ministra de Empleo aceptó recientemente rebajar de 35 a 20 las peonadas necesarias para cobrar los seis meses del subsidio o renta agraria (426 euros al mes), en atención a los escasos jornales que se han ofertado este año por la mala cosecha de la aceituna. Sin embargo, la medida de gracia no ha conseguido rebajar demasiado la tensión que se vive en las áreas rurales y en las pequeñas agro-ciudades extremeñas y andaluzas, que podrían están a punto de estallar. Si en las próximas luchas se consigue una confluencia de los movimientos del Sur y del Norte, quizás los Victorino Alonso y los Cayetano de Alba tengan que abandonar un poco de su actual arrogancia.

[Acceder al libro completo en la sección de Lecturas]

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