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La enfiteusis en la España semifeudal

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Los censos enfitéuticos, foros, rabassas, etc., son, evidentemente, una institución de naturaleza claramente feudal que sesegadoras utilizaron de modo generalizado durante el Antiguo Régimen en todas las provincias españolas. En la primera mitad del siglo XIX, la revolución burguesa se encuentra con el problema enfitéutico y le da una solución limitada y parcial: no fueron abolidos y únicamente fueron declarados redimibles los que habían pasado a manos del Estado a raíz de la desamortización. La posibilidad de redimir los censos enfitéuticos que habían pertenecido a los conventos e instituciones suprimidas abrió la puerta, efectivamente, a un proceso amplio de redenciones, sobre todo tras la desamortización de Madoz. Sin embargo, fueron muchos los censatarios de escasos recursos que no acudieron a redimir los tributos que gravaban sus fincas. Algunos continuaron pagándolos mientras que otros optaron por eludir los pagos, hasta que en las últimas décadas del siglo, una vez derrotada la última de las revoluciones burguesas y restaurada la monarquía, el Estado inicia una nueva ofensiva censualista reclamando de nuevo el pago de las rentas.

Una de las mejores especialistas españolas en el tema, Rosa Congost, no tenía reparos en admitir en 1999, lo poco que sabemos sobre el fin de las relaciones enfitéuticas, y señalaba que ha sido precisamente la identificación entre los adjetivos feudal y enfitéutico lo que ha condicionado la escasa atención historiográfica prestada al tema del fin de los censos. Entre los historiadores de la Edad Contemporánea está extendida la idea de que la legislación liberal va a suponer el fin de los derechos de propiedad de origen feudal, «segurament perquè pensar que van continuar existint equival, en l’argot dels historiadors, a reconéixer restes de feudalisme difícilment compatibles amb el procés d’industrialització de la Catalunya del segle XIX». Para la autora catalana, pocas veces encontraremos un ejemplo tan claro en el que un tópico historiográfico –la revolució liberal va abolir les prestacions de carácter feudal– haya sustituido a un tema de investigación histórica, ofreciendo una imagen simplificada de la historia y tiñendo de institucionalismo la interpretación de la historia social. Lo cierto es que la subsistencia de foros, censos enfitéuticos, rabassas y tributos feudales de diversa índole era de tal magnitud que en 1873 el legislador republicano declaraba:

«Una ley de la Convención declaró libre como las personas el territorio nacional; Inglaterra ha borrado ya de su Constitución agrícola los últimos vestigios del feudalismo; Alemania hace ya tiempo que emancipó a sus colonos, y Rusia emancipa a sus siervos. Los inmortales fundadores de nuestra libertad política iniciaron gloriosamente en nuestra España este movimiento regenerador cuando borraron para siempre los dictados de señor y vasallo, y decretaron la desamortización civil y eclesiástica, y abolieron la vinculación y el diezmo; pero mucho falta que hacer todavía; es necesario romper esta servidumbre en que vive una gran parte del territorio en nuestro país».

 

O sea, que en España faltaba todavía mucho por hacer, en 1873, para acabar con el feudalismo. Y el moderado intento de la primera República para liquidarlo –«se declaran redimibles todas las pensiones y rentas que afectan a la propiedad inmueble, conocidas con los nombres de foros, subforos, censos frumentarios o rentas en saco, derechuras, rabassa morta, y cualesquiera otras de la misma naturaleza»–  se verá prematuramente abortado. En febrero de 1874 un decreto del Gobierno golpista deja en suspenso la ley de 20 de agosto de 1873 y todos los expedientes y juicios a que hubiera dado lugar su ejecución por considerarse injusta para la parte censualista, para los propietarios del dominio directo. Años después, en 1889, la aprobación del nuevo Código Civil de la Restauración consagra y legitima la enfiteusis, considerándola una de las formas de contratación posibles en el ámbito rural. Pero el censo enfitéutico seguía siendo, por supuesto, una pervivencia feudal. Es cierto que en 1889 se declara su redimibilidad general, pero se hizo desde una óptica tan favorable al censualista y con tales particularidades que el Tribunal Supremo llegará a afirmar que, de hecho, el censo enfitéutico seguía siendo irredimible. Además, el nuevo Código Civil mejora la posición de los censualistas a la hora de desahuciar a los censatarios, lo que dar lugar a una renovada ofensiva contra estos en la que, respaldados como estaban por los tribunales, los propietarios del dominio directo exigirían el pago de unas rentas feudales que, en muchos casos, hacía décadas que los censatarios habían dejado de pagar.

rabassaires

Lo que está claro es que los censos enfitéuticos pervivieron hasta bien avanzado el siglo XX. Es erróneo, por tanto, afirmar sin más que fueron redimidos o se extinguieron por caducidad a lo largo del siglo XIX. Es cierto que hubo, efectivamente, redenciones y seguramente también hubo muchos que no se cobraban por una u otra causa y que al final se extinguieron. Sin embargo, también es cierto que al llegar el siglo XX el problema de la pervivencia de los censos era un problema real, un problema derivado de las limitaciones que caracterizaron en España al proceso de liquidación, parcial, del viejo sistema de propiedad feudal. ¿Hasta cuándo subsistieron? En el caso de Cataluña, es muy conocida la significación que tuvo la Unió de Rabassaires durante la República y la guerra civil. El triunfo en esta guerra del bando favorable a los terratenientes daría lugar a que esta pervivencia feudal se prolongara durante los años de la dictadura y llegara hasta la democracia. En el caso de los foros, hasta hace poco se pensaba que habían sido liquidados por el decreto de redención general de foros dictado en 1926 por el gobierno del general Primo de Rivera. Sin embargo, durante la República seguían siendo un problema. Además, un caso que recientemente ha saltado a los medios de comunicación de todo el país obliga a replantearnos de nuevo el problema.

[Extraído del artículo “La revolución democrática y la línea política del PCE en los años treinta: cuatro décadas después… qué siga el debate”, disponible en este blog]

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