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Oportunidad de negocio: país hundido vende subsuelo

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Los organismos internacionales que dictan la política económica del Gobierno de España han decidido que se acabe de una vez por todas con la minería del carbón y que las centrales eléctricas del país se abastezcan de carbón importado. De hecho ya lo venían haciendo en un 60%, pero esta cifra se elevará hasta el 100% cuando al final del próximo año las subvenciones y primas que se han venido concediendo a mineras y eléctricas desaparezcan, como exige la Unión Europea; si grandes luchas sociales no lo impiden, claro.

Poco les importa a las autoridades europeas el hundimiento de comarcas enteras en León, Asturias, Palencia y Teruel. Que se las arregle como pueda el Gobierno de España con sus mineros, pero que no ceda. Lo que no sea rentable sin subvenciones que se cierre. Y punto.

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Era un fin largamente anunciado y, en verdad, ha venido ejecutándose de forma progresiva durante años con la inestimable ayuda de los conocidos como Fondos Miner. A veces las cosas es mejor hacerlas así, de forma progresiva y tirando de billetera. Pero por muy progresiva que se hagan las cosas, siempre llegará el momento de dar la puntilla. Y parece que ese momento ha llegado, porque se acabó el dinero para más progresividades. Es ahora y punto. Por eso, para los mineros y el conjunto de habitantes de las cuencas, es la lucha final. Y de nada van servir –previsiblemente- rebajas de sueldos o/y aumentos de jornadas como las que han aceptado recientemente los mineros de UMINSA, que intentan resistir como pueden el feroz ataque que contra ellos ha lanzado el cacique minero Victorino Alonso, en un momento en que la derrota de la huelgona del pasado año los ha dejado indefensos, a los pies de los caballos.

Lo que está claro es que la minería española del carbón ya no interesa. Sin embargo, nuestro subsuelo alberga otras riquezas que sí están suscitando mucho interés, particularmente de los capitales extranjeros que pugnan por el control de los recursos del planeta. El aumento del precio de los minerales y metales preciosos en los mercados internacionales ha disparado el interés de las grandes corporaciones mineras por la apropiación de unos recursos cuya extracción anteriormente no resultaba muy rentable pero que a los precios actuales puede reportarles sustanciosos beneficios. El precio del cobre, por ejemplo, asciende actualmente a unos 8.500 dólares la tonelada, casi ocho veces más que hace 10 años. Y –como si fuera un país más del Tercer Mundo­­- estas grandes corporaciones, mayormente canadienses y australianas, han puesto sus ojos ­-y sus garras- sobre la maltrecha España.

Aunque su interés por las riquezas de nuestro subsuelo es anterior a la crisis­, lo cierto es que la situación les es ahora especialmente favorable. El hundimiento de la economía del país tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha generado una situación en la que autoridades nacionales, regionales y locales suspiran por la llegada de cualquier tipo de inversión que suponga generar alguna actividad económica, aliviando el déficit de las arcas públicas vía impuestos y creando puestos de trabajo en una economía que ya no es capaz de generarlos de otra forma.

De este modo, los canadienses de la Pacific Strategic Minerals se disponen a explotar el tantalio (ingrediente del coltán que necesitan los microprocesadores) en una aldea de Ourense (Penouta, en el municipio de Viana do Bolo).

Los también canadienses de Río Narcea Gold Mines (propiedad de Lunding Mining Corporation) andan buscando por todo Badajoz nuevos yacimientos con que engrosar las ganancias que obtienen en la mina de níquel de Monesterio, que podría agotarse en poco tiempo; y además andan tras el oro de Corcoesto (Cabana de Bergantiños, A Coruña), donde pretenden extraer 34 toneladas empleando más de 5.000 tn. de cianuro y solubilizando más de 8.000 tn. de arsénico. De momento, el rechazo popular que se ha generado -el pasado mes de junio tuvo lugar una multitudinaria manifestación bajo el lema “Galicia no es una mina. Defiende la tierra, defiende la vida”- y una serie de problemas técnicos y económicos , han frenado el proyecto de los canadienses.

Monesterio-mina

Tras el oro que se almacena en el subsuelo en Badajoz (La Codosera y Alburquerque) y en Asturias está el empresario de origen ruso Cary Pinkowsky, al frente de la canadiense Asturgold, con sede en Vancouver. En la mina romana de oro de Salave, (en el concejo de Tapia de Casariego, Asturias) estaría –según ellos- “el yacimiento aurífero más grande sin explotar de Europa occidental y será un referente mundial en gestión medioambiental y desarrollo tecnológico”. La explotación aurífera de Asturgold se sumaría a las que la canadiense Orvana Minerals se encuentra ya desarrollando en los concejos asturianos de Miranda y Salas. Por cada tonelada de tierra que se extrae del cielo abierto de Miranda (El Valle-Boinás) los canadienses obtienen sólo 6 gramos de oro, pero al día consiguen reunir 6,5 kg. del precioso metal, que semanalmente representan 2 millones de euros en el mercado mundial.

Por su parte, sus compatriotas de First Quantum, dueños de Cobre Las Cruces, S. A., pretenden obtener de la mina a cielo abierto que en 2009 comenzaron a explotar en los municipios sevillanos de Gerena, Guillena y Salteras, un millón de toneladas de cobre. En los cuatro años que llevan en esta explotación han sido procesados tres de sus directivos por presuntos daños contra el medio ambiente y se les han impuesto ya 206.966 euros en sanciones por 23 infracciones urbanísticas. Poca cosa.

También tiene su sede en este país -en Toronto- la empresa Iberian Minerals Corp., que desde 2007 explota, a través de su filial MATSA, el cobre de la Mina de Aguas Teñidas, en Almonáster La Real (Huelva), con el que complementa las toneladas de ese mineral que extrae de la mina peruana Condestable. Además, su director ya ha expresado el interés de la empresa canadiense por participar en el concurso internacional que ha anunciado recientemente la Junta de Andalucía para reabrir la explotación del cobre, cinc y plomo que aún queda en la mina sevillana de Aznalcóllar, cerrada prematuramente en 1998. La rotura de una balsa de residuos extremadamente contaminantes provocó ese año una de las catástrofes ambientales más importantes de España. La Junta de Andalucía todavía intenta pasar la factura de los 90 millones de euros que costó la limpieza del vertido a la multinacional sueca BOLIDEN, que desde 1987 explotaba el yacimiento, pero hasta ahora todas las vías han resultado infructuosas y a estas alturas parece que los suecos van a seguir haciéndose los suecos y no tienen ninguna intención de aflojar la pasta.

La  última de las mineras canadienses a las que haremos mención es Petaquilla Minerals, Ltd., que hace unos pocos meses ha iniciado los trabajos para comenzar la extracción de los minerales que aún alberga la antigua mina de Lomero-Poyatos, en los municipios onubenses de El Cerro de Andévalo y Cortegana.

Como vemos, las multinacionales canadienses han demostrado tener un elevado interés por las riquezas de nuestro subsuelo. Pero no son las únicas que están rebuscando en él para extraer todo lo que se pueda luego vender y revender en el mercado internacional. También las multinacionales australianas han venido hasta España, en sus mismísimas antípodas, en busca del cobre y los demás metales (sobre todo cinc y plomo) que  dejaron en la faja pirítica de Huelva los romanos y siglos después los británicos y los franceses. Para ello, EMED Mining ­-empresa matriz de EMED Tartessus , participada por capitales británicos, canadienses, suizos, australianos y estadounidenses- se ha aliado con Goldman Sachs International (los mismos que nos inundan con el carbón barato que están extrayendo en brutales condiciones laborales de sus minas de Colombia) y con Yanggu Xiangguang Copper. La multinacional china es una de las empresas de fundición, refinamiento y tratamiento de cobre más grandes del mundo, y participa en la financiación de la explotación a cambio de reservarse el 30% del cobre que se obtenga en la comarca de Minas de Riotinto. Por lo visto, España tiene lo que China necesita para continuar desarrollando su industria; y está dispuesta a ofrecérselo a cambio de puestos de trabajo y un poco de movimiento que animen en alguna medida la decreciente economía hispana.

También australiana es la empresa Berkeley Resources Ltd., que con las marcas Berkeley Minera España S.A o Minera del Río Alagón lleva algún tiempo interesándose por el uranio que alberga nuestro subsuelo en las zonas de Cáceres, Guadalajara y, sobre todo, en Salamanca (Saelices el Chico, Alameda de Gardón, Retortillo, Villavieja de Yeltes), rivalizando con los canadienses de Mawson Resources, que también andan interesados en nuestro uranio, sobre todo en Extremadura. No obstante, algunos dudan de que realmente estas empresas lleguen algún día a extraer uranio español, pudiendo tratarse sólo de movimiento especulativos para incrementar el valor de sus acciones en bolsa.

Uranio

Los que llevan varios años investigando las posibilidades de nuestro subsuelo son los irlandeses de Ormonde Mining Plc., que, a través de su filial Saloro, parecen dispuestos a comenzar pronto la extracción del wolframio o tungsteno de la mina salmantina de Barruecopardo. El famoso wolframio con el que el gobierno de Franco pagó la ayuda alemana en la guerra civil sirve ahora para ayudar a levantar la maltrecha economía irlandesa.

Por su parte, el cloruro potásico y cloruro sódico que desde 1912 se extrae de las minas catalanas de la comarca del Bages, ha pasado en 1998 a propiedad de la Israel Chemicals Limited (ICL), que la explota a través de su filial Iberpotash, la empresa minera más grande de Cataluña. Más del 70% del potasio que Iberpotash extrae de sus minas catalanas se exporta a países de Asia, Norte de África, Europa y el Sur de América, principalmente, por ser un fertilizante básico de la agricultura moderna.

Como vemos, el interés de las grandes multinacionales mineras por los recursos de nuestro subsuelo se ha ido acrecentando a medida que los precios iban ascendiendo en los mercados internacionales. Pero el fenómeno no es, ni mucho menos, novedoso. De hecho, la historia de la minería española desde el siglo XIX es la historia de la penetración de los capitales extranjeros, principalmente británicos, franceses y alemanes, que se aprovecharon del atraso del capitalismo en España para utilizarla como una de sus bases de aprovisionamiento de materias primas para su industria y como un mercado para colocar sus productos manufacturados.

Sirva como ejemplo la propia mina sevillana de Aznalcóllar, cuya reapertura promueve ahora la Junta de Andalucía. Entre 1876 y 1942 fue explotada por la Seville Sulphur de Glasgow. Entre ese año y 1952 lo hizo la francesa Société Minière et Métallurgique de Peñarroya. En 1960 pasó a Andaluza de Piritas, S.A., una empresa del grupo español Banco Central, hasta que en 1987 vuelve a manos del capital extranjero, al ser vendida a la multinacional minera sueca BOLIDEN, de triste recuerdo.

En otra entrada de este blog reproducimos la interesante descripción que hacía en 1910 el valenciano Manuel Ciges Aparicio -por boca de uno de los personajes de su libro Los vencidos-, de la situación social y política que se vivía en enclaves cuasicoloniales como los que la empresa británica Riotinto Company Limited  tenía en la provincia de Huelva:

  • “Yo, que he vivido en Riotinto y he trabajado en él, sé lo que dentro de él pasa. Allí no hay más ley ni más autoridad que la de los ingleses, y todos los que representan algo están comprados, y no hay nadie que se atreva a cumplir sus deberes, sino lo que les manda el jefe principal de la mina, amo y señor de más de 30.000 habitantes”.
  • “El que protesta contra la Compañía tiene que salir con su familia, hasta sus más lejanos parientes, de la vasta región donde los ingleses ejercen despótico imperio. Así no hay clase independiente en Riotinto: los pocos individuos que vivían con las pingües rentas de sus casas y que por no ejercer cargo de la Compañía pudieran parecer autónomos, no lo eran en realidad más que los otros, pues si ellos no, algún allegado era trabajador, capataz, contratista o empleado, y la venganza que en ellos se realiza, se alcanzaría también a sus deudos… “
  • “Estos ingleses son así. Nos tratan como a seres inferiores y nuestras vidas poco les importan. Están acostumbrados a matar hombres en las horribles contraminas, y no van a sentir escrúpulos por algunos muertos más o menos”.

El año de los tiros

[El año de los tiros, Minas de Riotinto, 1888]

  • “No hay función política con su alternante juego de partidos que resulte tan ridícula como ésta de aquí. Que suban los liberales o que manden los conservadores, alcalde de Riotinto es el empleado que designa la Compañía para recibir instrucciones del director. Hoy es su contador. Los concejales, empleados son. El juez —un juez donde todos los días hay muertes o graves accidentes del trabajo— obra e instrumento suyo es. El minero que no vote al diputado que la Compañía propone al Gobierno para su encasillamiento, pierde el trabajo y ha de huir. ..
  • “Los alcaldes de Real orden son secretarios del director, y sólo pueden hacer lo que él les ordene. Fácil es suponer lo que les ordenará tratándose de una gran región minera donde cotidianamente se vulneran las leyes y tantas cosas reprobables hay que solapar. El director ordena lo que ha de hacer el Ayuntamiento e inspira hasta los bandos públicos”.

Muelle de riotinto

La debilidad histórica de la burguesía española dio lugar, en el siglo XIX, a una revolución burguesa inconclusa que permitió la subsistencia de la semifeudalidad. Llegada la época histórica del imperialismo, era inevitable que las burguesías de los países avanzados de Europa pugnaran por apropiarse de sus recursos naturales para alimentar una pujante industria que, a su vez, necesitaba mercados para poder expandirse.

Muchos años después, con el crecimiento económico que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX, pudieron desarrollarse una serie de grandes empresas españolas (REPSOL, Telefónica, grandes bancos, etc.)  que, en el último tercio del siglo, se lanzaron a una expansión imperialista, principalmente por los países semifeudales y semicoloniales de América Latina.

Pero al día de hoy, cuando los sueños imperiales se están desvaneciendo ante la crisis económica, resulta que no contamos en España con un empresariado dotado del capital, la tecnología y la cultura empresarial necesaria para explotar la riqueza que aún conserva el subsuelo de su propio país, con la excepción del carbón que explota directamente el Estado (HUNOSA) o que se  concentra en manos de un empresario de métodos caciquiles como el leonés Victorino Alonso, incapaz de subsistir sin la inyección regular de cuantiosas subvenciones públicas.

De tal forma que la disyuntiva que parece presentarse en España, en un momento de crisis profunda, es dejar los recursos sin explotar o, por el contrario, entregarlos a las multinacionales extranjeras que se encuentran a la caza y captura de minerales que ofertar en los mercados internacionales y que poseen la tecnología y el capital necesario para abordar eficientemente la explotación de estos recursos.

El panorama es, ciertamente, complicado. Muchos de los proyectos que se pretende poner en marcha tienen un coste medioambiental muy elevado, lo que ha generado el rechazo de una parte de los habitantes de las zonas en las que ubicarán las explotaciones. No en todas partes, pero sí en muchas. No en sitios como Minas de Riotinto o Nerva, poblaciones que prácticamente no se conciben al margen de la actividad minera y donde parece que existe unanimidad en el apoyo a la reapertura de la explotación, existiendo plataformas de desempleados y vecinos de la zona que presionan a la Junta de Andalucía para que elimine los obstáculos que han impedido el inicio de los trabajos. Pero sí en Galicia y Asturias, por ejemplo, donde aumenta día a día la tensión. Por un lado están los que se oponen a unos proyectos que conllevan, frecuentemente, un gran problema medioambiental y que, al fin y al cabo, tampoco sirven para sustentar un auténtico desarrollo económico para las comarcas en las que se van a poner en marcha. Por otro lado están los que tienen la esperanza legítima de conseguir el ansiado puesto de trabajo que ­­-tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria- ningún otro sector puede ofrecerles ni a corto ni a medio plazo. En el concejo asturiano de Tapia de Casariego, por ejemplo, las dos posturas se articulan en torno a las plataformas “Oro No” y “Trabajo ya, mina sí”, aumentando de este modo la tensión que ya se vivía en los pueblos y ciudades de España en una situación social a todas luces insostenible.

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Lo cierto es que resulta complicado posicionarse. Por una parte, sobran razones para oponerse a unos proyectos que no pretenden sino saquear en beneficio del capital extranjero los limitados recursos naturales de nuestro país.  El impacto en el medio suele ser grande y, además, pueden dar lugar en cualquier momento a otro desastre como el de Aznalcóllar, cuyo coste al final recayó sobre las arcas públicas mientras la multinacional causante del problema desaparecía sin asumir su responsabilidad. Si la economía española actual no es capaz de aprovechar sus recursos minerales de forma que contribuyan a un desarrollo económico verdadero, sustentando una industrialización orientada a satisfacer las necesidades de la sociedad española, casi parece mejor que se queden bajo tierra (como puede pasar con nuestras reservas de carbón, si no lo impide el estallido de fuertes movilizaciones sociales que desborden las tradicionales formas de lucha de la minería española). Ya vendrán tiempos mejores. Pero esta postura es insostenible con el enorme desempleo que se registra actualmente en buena parte del país.

En la cuenca minera onubense, por ejemplo, se habla de municipios con más del 50% de la población realmente en paro. Se trata, sin duda, de un auténtico drama para miles y miles de familias de la clase trabajadora. Por tanto, es necesario que la oposición a los proyectos de las multinacionales se acompañe de la lucha por una alternativa económica para los pueblos y comarcas de las diveras cuencas mineras. Esta alternativa no puede estar únicamente sustentada en el mantenimiento de un sector primario de carácter tradicional, puesto que este sector se ha mostrado incapaz de absorber los grandes excedentes de mano de obra que se registran en la actualidad. Hay que incluir también la reivindicación de una verdardera y sostenible industrialización que genere empleo y desarrollo económico y social. En muchas zonas del sur de España, dicha industrialización debe ir unida a una verdadera reforma agraria que acabe de una vez por todas con la lacra del latifundismo, que, junto a la falta de industrias, es la causa principal del paro en esas regiones.

Es lógico y normal que mucha gente se oponga a que las multinaciones extranjeras esquilmen nuestros recursos minerales para especular con ellos en los mercados internacionales alimentando así una burbuja que acabará hundiendo más a la economía mundial y a la española. Pero esta oposición debe ir unida a la exigencia de que se pongan en marcha proyectos económicos, principalmente industriales, que generen empleo de calidad y sean capaces de aprovechar nuestros recursos minerales y materias primas en el marco de un nuevo modelo económico plenamente orientado a la satisfacción de las necesidades de la sociedad. Y en esa lucha podemos y debemos unirnos todos.

Manifestacion-linares

 La minería metálica y la minería del carbón presentan -en este punto- una diferencia significativa, puesto que la segunda, siendo ­también contaminante y contando, por tanto, con defensores y detractores, no forma parte de un modelo económico semicolonial de saqueo de los recursos naturales del país. Por el contrario, el carbón español está directamente integrado en la economía española, a la que sirve a través del abastecimiento energético de la industria eléctrica. El carbón español se extrae en España y se quema en España para producir electricidad para la sociedad española. Ciertamente, estas centrales pueden abastecerse de carbón más barato en el mercado mundial por diversas circunstancias, entre las que no pueden olvidarse –aunque no sean las únicas razones- las diferentes condiciones existentes entre unos y otros países en cuanto a salario, seguridad y derechos (recordar Marikana, Sudáfrica, 2012: 44 mineros asesinados). Cuando a finales del próximo año se acaben las primas y subvenciones al carbón español, las centrales eléctricas pasarán a abastecerse casi totalmente de carbón importado como el que está trayendo Goldman Sachs de Colombia: un carbón manchado de sangre. Seguirá el problema de la contaminación de las térmicas pero desaparecerá esa integración que venía existiendo entre minería del carbón e industria eléctrica, una integración que no interesa ni a los gobernantes españoles ni a las autoridades de la Unión Europea ni a las propias centrales, sobre todo desde el año 2009 en que la eléctrica italiana Enel se hizo con la mayoría del capital de ENDESA.

mineros-mequineza

[El carbón que extrae en Mequinenza (Zaragoza) Carbonífera del Ebro se quemaba en la central térmica de Escucha (Teruel) , pero los italianos de Enel cerraron la central en 2012 y además se niegan a quemar este carbón en su central de Andorra]

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