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“Ve a España y diles a los españoles cuánto los apreciamos”. Presentación de “España, colonia yanqui”, de Felipe Muñoz Arconada (1951).

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Ve a España y diles a los españoles cuánto los apreciamos”. “Que sepan lo mucho que les agradecemos su situación estratégica y el hecho de que nos acojan aquí”. Estas son las instrucciones que Barak Obama le dio a James Costos, antes de que partiera a hacerse cargo de la embajada de los Estados Unidos de América en España, en sustitución de Solomont, su antecesor en el cargo.

Costos venía ejerciendo hasta este momento la vicepresidencia de licencias y comercio minorista de la multinacional americana HBO, y no oculta que la ciberpiratería es uno de los temas en los que se va a centrar, ayudando al Gobierno de España a aplicar sus leyes… las leyes de España, se entiende: “Estoy deseando colaborar con el Gobierno de España para resolverlo. El problema no es tanto de leyes, que existen, como de falta de aplicación, de que no se imponen debidamente”.

EEUU y España

Pero este intervencionismo en la política de un país supuestamente soberano, con ser importante, no es la principal tarea que le ha sido encomendada al nuevo embajador: “Mi principal foco de atención en estos momentos es el terreno militar, por supuesto, la defensa y la seguridad. Y esto es algo que el presidente quiso que dejara muy claro a los españoles: que sepan lo mucho que les agradecemos su situación estratégica y el hecho de que nos acojan aquí”.

La llegada del nuevo embajador —cual modernísimo virrey imperial— coincide con el 60º aniversario del “Convenio defensivo, de mutua defensa y ayuda económica entre EEUU y España”. Firmado en 1953 por el dictador fascista Franco y el presidente Eisenhower, el acuerdo abrió las puertas a la presencia militar de los Estados Unidos de América en España. A cambio de un poco de ayuda económica, el acuerdo ponía un país hundido como España al servicio de los intereses militares de la que sería nueva superpotencia mundial, en sustitución de Alemania –derrotada en la guerra—y del Reino Unido y Francia, vencedoras de la guerra pero perdedoras de la postguerra.

Eisenhower y Franco

Han pasado 60 años y parece que estamos en el mismo punto. Desvanecidos los sueños imperiales que se generaron, sobre todo, a partir de los años noventa por el espejismo del “milagro económico español”, el Gobierno norteamericano acrecienta su penetración militar en el país. Se refuerza así el papel de España como plataforma de su agresiva “diplomacia” internacional, o sea, de las intervenciones militares —también llamadas guerras— con las que pretenden mantener una hegemonía mundial que le disputan pujantes competidores como China y Rusia.

Para ello la base naval de Rota recibirá en unos meses a los cuatro destructores norteamericanos que, equipados con el sistema Aegis antibalístico, vienen a integrarse en el conocido como Escudo antimisiles de la OTAN: “El momento más emocionante —explica el embajador— será la llegada de los cuatro destructores y me sentiré muy honrado de estar presente en la entrega”.

Además, la base de Morón de la Frontera acoge ya a una fuerza de intervención rápida de quinientos soldados norteamericanos y ocho aeronaves, preparadas para desplegarse rápidamente en cualquier país del norte de África en el que se demanden sus “servicios”.

Moron-USA

Igual que en los años cincuenta, los capitales extranjeros se abalanzan raudos sobre una hundida España para hacerse con un botín nada despreciable. Y entre esos capitales destacan los norteamericanos, igual que entonces[1]. El nuevo embajador no lo oculta: su siguiente prioridad, después de la militar, será la económica, haciendo de intermediario entre las empresas españolas y las multinacionales norteamericanas, al objeto —afirma Costos— de “colaborar” contra el paro: “También nosotros tenemos desempleo, así que entiendo lo que los parados sufren”. Sin embargo, no parecen preocuparle al nuevo embajador los miles de parados que está generando en las cuencas mineras de Asturias, León, Palencia y Aragón la importación masiva de carbón colombiano, extraído en condiciones semiserviles por multinacionales norteamericanas como Goldman Sachs, uno de los grandes bancos que detonaron la actual crisis económica mundial con sus hipotecas subprime.

La política que James Costos ha venido a impulsar en nuestro país no se limita a reforzar su presencia militar en nuestro territorio —“para proteger los intereses españoles” en el norte de África—, ni a ampliar la penetración de las multinacionales americanas —para ayudarnos a acabar con el paro—, ni siquiera a colaborar con nuestro Gobierno para que en España se cumplan las leyes. También viene a culturizarnos. El embajador no lo oculta: tras la militar y la económica, su prioridad será la cultural (ElPaís.com, 24-09-2013).

En este contexto que nos encontramos, parece recobrar mucha actualidad una obra que publicó en México en 1951 Felipe M. Arconada, hermano del literato César Muñoz Arconada, alguna de cuyas obras están disponibles en este blog, en la sección de Lecturas. Felipe Muñoz Arconada fue periodista, miembro del Comité Central del PCE, Secretario General de la Juventud Socialista Unificada en Madrid y responsable de la misma en el Ejército del Ebro, durante la Guerra Civil. Tras la finalización de ésta, vivió exiliado en Francia, Santo Domingo, Cuba, México y Hungría. Falleció en Madrid en 2003, a los 91 años.

Felipe M. Arconada-2El libro que ahora reseñamos se titula “España colonia yanqui: penetración del imperialismo norteamericano en España y evolución actual de la situación económica del franquismo”. Cuando se escribió aún faltaban dos años para la firma de los acuerdos hispano-norteamericanos de 1953, aunque había un “largo trecho de camino ya recorrido por la senda desastrosa del semicolonialismo”. Presentamos extractadas a continuación las principales ideas que se exponen en el libro [para los que ahora no vayan a leerlo entero] , una obra que los que estén interesados pueden leer directamente en este blog, en la sección de Materiales para la historia.

Arconada contextualiza históricamente el sometimiento de la política y la economía españolas a los intereses del imperialismo norteamericano. Efectivamente, el hecho en sí de la dominación sobre la vieja metrópoli colonial no era novedoso más que por el país que ejercía ahora el control principal. Lo cierto es que desde el siglo XIX –para no remontarnos ahora hasta el Antiguo Régimen— la economía hispana fue puesta al servicio de los intereses de los capitales extranjeros:

“…a partir de la segunda mitad del siglo pasado, las empresas imperialistas británicas, franco-belgas, y, más tarde, alemanas, han disfrutado de posiciones de primera importancia en los sectores fundamentales de la economía nacional; el de que –por efecto de la propia debilidad del capitalismo nacional— los elementos que hoy forman la oligarquía financiera han crecido y se han desarrollado, en gran medida, a la sombra de los intereses extranjeros dominantes en España y estrechamente conectados a ellos, sirviéndoles de agentes y de intermediarios y adquiriendo una larga experiencia de “colaboración” con los truts internacionales”… (p. 13).

 Tras la finalización de la segunda guerra mundial, la semicolonialidad se mantuvo pero se produjo un recambio en la nacionalidad de los dominadores. Felipe M. Arconada sintetiza en diversos puntos la forma por la que este proceso se estaba llevan a cabo:

 “Desde el 7 de julio de 1949, se está procediendo a la «adjudicación» de las empresas alemanas «expropiadas» con arreglo al Convenio concertado con los «aliados». Esta «expropiación» se ha traducido, lisa y llanamente, en el traspaso a manos norteamericanas de los extensos intereses y empresas de primera importancia que los alemanes poseían en España desde hace bastantes años, incrementadas en proporciones muy considerables durante el período en que los hitlerianos actuaron como los verdaderos dueños y señores de la economía franquista”.

[…] Esta operación ha permitido a los yanquis consolidar sus posiciones en sectores donde ya poseían intereses importantes (sector eléctrico); apoderarse del control monopolista de sectores de primerísima importancia (industrias química, farmacéutica, del caucho); ampliar su penetración en sectores donde sus posiciones eran débiles o inexistentes en otro tiempo (minería, siderometalurgia, empresas agrícolas y forestales, alimenticias, coloniales, seguros, etc.); acusar su presencia, convertida en muy corto plazo en dominante, según demuestra la experiencia, en las más diversas ramas de la economía nacional” (p. 18-19).

 Por otro lado —señala Arconada— hay que destacar otra vía de penetración del imperialismo norteamericano sobre la economía española, una vía que pasa por control del Instituto Nacional de Industria (I.N.I.), un instituto que fue concebido con una clara vocación militar:

 “El Instituto Nacional de Industria, con sus 45 empresas y sus 5,000 millones de pesetas de inversiones, no sólo constituye un suculento manjar para el voraz apetito del imperialismo yanqui, sino que, gracias a su control de los recursos estratégicos y a su situación privilegiada en cuanto a la utilización de las materias primas y mano de obra, se convierte en un valioso instrumento para la realización de sus planes de guerra y expansionismo económico.

Por añadidura, el I.N.I. disfruta de toda suerte de beneficios fiscales: exención total de los derechos de aduanas; reducción del 50 por 100 de las contribuciones de usos y consumos, de utilidades, de emisión y negociación de valores mobiliarios, de derechos reales y de timbre; facultad de expropiación forzosa de terrenos y materiales necesarios para sus instalaciones, etc. De esta forma, los grandes trust imperialistas yanquis obtienen en la España de Franco una situación sólo comparable a las más negras formas de explotación colonial, y los capitalistas y empresarios nacionales se ven reducidos a condiciones de inferioridad tales que hacen ilusoria cualquier posibilidad de competir en el mercado con las empresas yanquis “(p. 26).

 “Otro instrumento creado por los nazis y que, en la etapa actual, está siendo utilizado al máximo por los norteamericanos, es el Consejo Ordenador de Minerales Estratégicos de Interés Militar —C.O.M.E.I.N.—. El Consejo depende del Ministerio de la Guerra, siendo su Presidente el Ministro, y se halla directamente intervenido por la Misión Militar Norteamericana. «Expertos» yanquis, entre los cuales figuran H. M. Thorne, A. J. Kraemer y Louis Dupret, han realizado una prospección completa, no sólo del territorio nacional, sino también de Marruecos y las Colonias del África. Huelga decir que los yanquis no se interesan solamente por los minerales estratégicos, aunque éstos figuren en primer plano, sino que su interés se extiende a todas las riquezas minerales del país” (p. 27).

 “Factor de no menor importancia en la aceleración de la penetración norteamericana, es la eliminación por el imperialismo yanqui de las posiciones que detentaban en la economía española otros grupos imperialistas, y en primer lugar, los británicos y franceses, lucha aguda que desempeña importante papel”: “cada paso adelante en España de los yanquis, es un retroceso de los ingleses” [Ibárruri]. “El acto más espectacular en este terreno es, sin duda alguna, el paso del control del mercurio de Almadén de manos inglesas a manos norteamericanas”. (pp. 27-28).

 Arconada señala también las tensiones que la penetración norteamericana sobre España estaba generando en los países que tradicionalmente venían ejerciendo el control de la economía del país:

 “Estos hechos ayudan a explicar las reticencias de los círculos dirigentes anglo-franceses ante los tratos directos yanqui-franquistas. Cuando Mr. Eden, en la Cámara de los Comunes, critica el pacto bilateral, no es posible olvidar que Eden es Consejero de la «Riotinto» y de la «European Pyrites Corporation».

 Otra de las vías de penetración norteamericana sobre la economía española que se mencionan en el libro de Arconada consiste en una suerte de deslocalización industrial:

“Las empresas norteamericanas encuentran provechoso el suministrar la materia prima y elaborar los productos en las fábricas de sus filiales en España, para después colocarlos en sus mercados, incluso los más distantes, porque a pesar de los recargos que implican el doble transporte, los seguros, las aduanas, etc., les resultan a la postre más baratos que los fabricados en sus propias factorías de los Estados Unidos” [esto pone de manifiesto “la indecible explotación y el miserable nivel de vida a que el franquismo ha reducido a la clase obrera”.]

Gracias a su monopolio de las materias primas en el mundo capitalista, los norteamericanos em­plean el mismo procedimiento para apoderarse del control, utilizar en su beneficio y apropiarse de la mayor parte de la plusvalía extraída a los obreros en ramas completas de la economía franquista. Así, refiriéndose a los bajos precios de los productos pa­ra la exportación, “El Economista” del 8 de septiembre de 1951, al poner de relieve la brutal explota­ción que sufre la clase obrera, decía que «…nuestro modesto nivel de vida y el precio-oro de nuestros jornales hacen el resto, permitiéndonos la exportación de estos produc­tos industriales».

El ejemplo más notable es el de la industria textil. Los tejidos elaborados en Cataluña con algodón norteamericano vendido a precios exorbitan­tes, les resultan a los yanquis, en Nueva York más baratos que los fabricados en sus propias empre­sas. La Asociación de Manufactureros Americanos de la Industria Algodonera acaba de proponer uti­lizar la industria textil española para la producción de tejidos que «después ellos utilizarán en los “paí­ses atrasados” para intercambiarlos por minerales estratégicos necesarios a su producción de guerra”. (p. 33-34).

“Estos esquemas equivalen a entregar en manos de los imperialistas sectores completos de la industria nacional, cuyos obreros pasan a ser obreros colonizados, sometidos al doble yugo de los capitalistas indígenas y extranjeros, sin que las empresas imperialistas necesiten molestarse siquiera previamente en invertir capitales, ni en levantar instalaciones, ya que las encuentran montadas y en funcionamiento” (p. 34).

 “Resulta imposible, en un resumen de esta naturaleza, enumerar siquiera la multitud de empresas montadas con participación de capitales yanquis o que se han conectado a ellos, durante este período. La invasión es total, y encontramos sus huellas absolutamente en todos los terrenos, desde la producción, elaboración y exportación de aceite y aceitunas, hasta la radiodifusión y la prensa, pasando por la industria hotelera, la construcción o las inversiones inmobiliarias. El patrón es en todas partes el mismo: alianza de la oligarquía financiera, concentración, eliminación de concurrentes españoles y explotación inaudita de la clase obrera” (p. 35).

 “Los yanquis multiplican también sus acuerdos de cesión de patentes, diseños y marcas. Los españoles deben saber que en estos casos, incluso aunque no medien capital ni inversiones norteamericanas, cuando compran los objetos más diversos, desde un motor a una bombilla o un tubo de pasta dentrífica, el 10, el 20, el 30 por 100 de su dinero va a parar directamente a los bolsillos de los imperialistas” (p. 37).

 “No son estas las únicas palancas que los norteamericanos utilizan para colonizar a España. La precedente enumeración no agota, ni mucho menos, los métodos empleados por los imperialistas yanquis para la acelerada transformación de España en una semicolonia” (p. 37).

 “Este es el panorama que hoy ofrece España, entregada a la voracidad insaciable de los imperialistas. Mediante la combinación de estos diversos métodos y formas de penetración, los imperialistas yanquis poseen, como vemos, el control de los sectores fundamentales de la economía nacional; tienen en sus manos los resortes-clave que les permiten, con la criminal complicidad de los gobernantes franquistas, influir de modo decisivo en la evolución económica en el sentido que más convenga a sus intereses, el cual no puede ser ni es otro que la utilización de todos los recursos de España en la preparación de la guerra y la rápida transformación del país en un apéndice colonial del imperio yanqui.

Las consecuencias de este desarrollo determinan todos los problemas económicos que se presentan en España, e influyen directamente en la vida y en los intereses de todos los españoles…” (p. 42-43).

 Partiendo del problema del sometimiento semicolonial de la economía y la política española a los intereses del imperialismo norteamericano, Felipe M. Arconada hace una crítica de toda la política económica de la dictadura franquista y de la oligarquía que la sustenta:

 De este modo, se critica la política franquista de “consagrar a la preparación de la guerra una suma de recursos y de medios financieros que está fuera de toda proporción con las posibilidades del país”. Para ello se analizan las partidas consignadas a tal fin en los presupuestos generales del Estado; a raíz de esto se comentan las consecuencias negativas de tal política en la vida del pueblo (aumento de la inflación, recarga sobre las espaldas del pueblo de la carga impositiva, etc.) mientras que “las contribuciones que afectan de modo más directo a la oligarquía financiera-terrateniente, son las más reducidas y las que experimentan aumentos más tenues. Toda la propiedad rústica y urbana de España paga menos de la tercera parte de lo que se ingresa por usos y consumos. La contribución industrial representa apenas una octava parte. Pero, lo más escandaloso es la contribución sobre la renta, la contribución de los millonarios”. (p. 54-55).

 “El régimen franquista, que ve reducida la única esperanza de prolongar su existencia a la presencia de los norteamericanos en España y al desencadenamiento de la guerra, presta a estos planes toda su colaboración y con la ayuda de la oligarquía financiera y en beneficio de ella, orienta más y más toda la economía del país hacia la preparación de la guerra; consagra a estos fines en proporción cada vez mayor, todos los recursos materiales y humanos disponibles y arroja sobre la economía nacional una carga insoportable que precipita su hundimiento y su crisis, sumiendo al pueblo en una miseria sin fondo, arruinando a millares y millares de pequeños industriales y comerciantes y lesionando gravemente hasta los intereses materiales de capitalistas que hasta hace poco disfrutaban, dentro del marco del régimen, de una situación de verdadero privilegio”. (p. 61-62).

 La denuncia que Arconada hace de la actuación de la oligarquía financiera española en el contexto de crisis económica y pobreza generalizada en que se debate el país a mediados del pasado siglo podría extrapolarse casi en su totalidad a la realidad que se vive hoy en día:

 “La oligarquía financiera, como las aves carniceras que se alimentan de la carroña, prepara y se fortalece mientras más aguda es la crisis económica, mientras más gentes se ven arrastradas al hundimiento y a la quiebra. Cuanto más acuciante es la necesidad de crédito que siente un empresario, más onerosas son las condiciones que le impone la gran Banca. Las 472,164 letras de cambio, por 4.071,4 millones de pesetas, protestadas en 1950 por falta de pago, representan otros tantos tropiezos y dificultades, y en muchos casos, la ruina completa de milla­res y millares de modestos industriales y comercian­tes. Para la gran Banca, por el contrarío, constitu­yen un “método normal” de incrementar sus benefi­cios con los intereses de mora, renovación o protes­to, y en muchas ocasiones, la oportunidad de que­darse con negocios y empresas a precios irrisorios, en los innumerables juicios ejecutivos incoados por ella.

En la prensa financiera, en las revistas de las Cá­maras económicas y organismos oficiales, en las in­formaciones de Bolsa, en los discursos de los falangistas, se habla continuamente, de la escasez de di­nero, de la carencia de capitales. Estas afirmaciones se repiten con machacona insistencia por los propios capitostes de la oligarquía financiera, en sus infor­mes y memorias. Se trata de la más burda de las mixtificaciones, de una campaña trapacera montada en todas sus piezas y sostenida arteramente para tratar de ahogar la indignación y la protesta de los trabajadores. Para ellos sí que no hay dinero; ellos sí se mueren de hambre, con sus 16 pesetas de jornal medio, cuando logran trabajo. Esa campaña falaz tiende a engañar al empresario a quien se niega un crédito de unos miles de pesetas, mientras se abren créditos sin tasa y por cientos de millones a las grandes empresas; el comerciante modesto, cuya tienda va quedando desierta, por falta de poder ad­quisitivo de su clientela y vive bajo la continua ame­naza de los vencimientos de pagos; al capitalista in­dependiente, que ve con zozobra cómo su empresa queda rezagada y envejece, falta de capitales, mien­tras las filiales de los monopolios yanquis y de los grandes Bancos se modernizan y le desalojan del mercado, por la competencia.

El dinero abunda, pero está en manos de la oli­garquía financiera. Lo hemos visto desfilar hacia sus cajas fuertes por cientos de millones de pesetas, producto de la sobreexplotación de la clase obrera, llevada con una brutalidad y una intensidad como jamás se había conocido en la historia de nuestro país. Ese dinero acaparado según hemos visto por la, gran Banca, se lo llevan los imperialistas yanquis, se gasta sin tasa, en la preparación de la guerra o desaparece en las fauces insaciables de la oligarquía financiera.

Para todo lo demás, no hay dinero. No lo hay para atender a las más apremiantes necesidades del país, ni para llevar agua a las tierras sedientas, ni para dotar de techo a los cientos de miles de espa­ñoles que viven en cuevas, ni para poner coto a los estragos de la tuberculosis y otras enfermedades que son hoy, bajo el franquismo, como una plaga bíblica, ni para abrir escuelas con destino a los dos millones y medio de niños que carecen de ellas.

“No hay dinero”. Menos aún lo hay para pagar a los obreros un salario que les permita vivir medio decentemente, haciendo frente al alza constante de la vida, de los productos de primera necesidad; para reducir la carga abrumadora de las contribuciones e impuestos que pesan sobre los pequeños industriales y comerciantes; para ofrecer créditos baratos y a lar­go plazo a los empresarios modestos y a los campe­sinos pobres.

Tal es, en sus rasgos más generales, el poder omnímodo, el peso aplastante de la oligarquía finan­ciera en nuestro país. Y así, vemos perfilarse, una vez más, la criminal trilogía responsable de la ruina y el desastre de España; el imperialismo yanqui, la oligarquía financiera y el instrumento político de ambos, la camarilla gobernante de vendepatrias y estraperlistas franco-falangistas” (p. 73-76)

Como han podido comprobar en los extensos extractos que aquí hemos seleccionado, la obra de Felipe M. Arconada España colonia yanqui está de actualidad. Igual que cuando él la escribió, la economía del país se encuentra hundida. La semicolonialidad, que viene desarrollándose en mayor o menor medida desde el siglo XIX —en paralelo a una contrapuesta dimensión imperialista actualmente en crisis—, se acentúa día a día hasta el punto de que la soberanía nacional se encuentra hoy seriamente en entredicho.

Rajoy-Merkel

Efectivamente, la política del Gobierno de España se dicta y supervisa por los organismos internacionales que tienen en su mano la supervivencia (mediante instrumentos como el rescate financiero de la banca española) o el colapso total de su economía. El Gobierno del PP se ve obligado a aceptar el incremento de la presencia militar norteamericana en el suelo nacional y a respaldar, militar o políticamente, cuantas operaciones de agresión imperialista lleve a cabo del Gobierno de los Estados Unidos en el Norte de África, Oriente Medio o donde sea que éstas se produzcan (Siria, Libia, etc.).

Paralelamente, los recursos naturales (minerales), infinidad de propiedades rústicas y urbanas y muchas empresas –incluido oficinas bancarias- se están vendiendo a precio de saldo, para beneficio de los fondos buitre, la mayoría norteamericanos (Apollo Management International, Cerberus, Centerbridge, etc.), que se están poniendo las botas:

“Su estrategia se basa en comprar activos a precios muy rebajados, mantenerse en el capital periodos de tiempo de entre cinco y siete años, y desinvertir con enormes ganancias”. “Cada día estos fondos invierten en alguna parte del mundo, preferentemente en países que atraviesan dificultades. En los momentos de crisis importantes, hay dos sectores que despiertan interés: el financiero y el inmobiliario, explica un alto directivo bancario español”. (ElPeriódicodearagón.com, 11-09-2013).

Fondos buitre

 Algunas de las grandes empresas españolas ya han acabado total o parcialmente en manos de capital extranjero. La Compañía Española de Petróleos (CEPSA) es, desde 2011, propiedad de International Petroleum Investment Company (IPIC), constituida por el Gobierno del Emirato de Abu Dhabi. ENDESA ­-principal compañía eléctrica de España y principal multinacional energética de Latinoamérica- ha pasado a manos italianas, desde que en febrero de 2009 la eléctrica ENEL se hizo con el 92,06% de sus acciones. En cuanto a la otra gran petrolera española, REPSOL, aunque supuestamente sigue siendo española, lo cierto es que el 51% de sus acciones están ya en manos de capital extranjero: el 42% pertenece a diversos fondos de inversión extranjeros y el 9,49% a la multinacional mexicana PEMEX.

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Visto globalmente, el capital extranjero era ya dueño, en 2009, del 40% de las empresas españolas que cotizan en bolsa, 7,5 puntos por encima de nivel de 2006. Y seguramente la cosa no acabará aquí. La caída en bolsa desde 2008 de la mayoría de las grandes empresas del Ibex 35 ha dado lugar a que tengan un valor inferior al de su patrimonio neto. Esto las hace especialmente interesantes para posibles OPAs de multinacionales o fondos de inversión extranjeros. En esta situación se encontrarían el 54% de los valores del Ibex, entre las que se contarían –según un estudio de Expansión– empresas de la talla de Telefónica, BSCH, BBVA, Caixabank, Iberdrola y Repsol. Según el Director general de Renta 4, “de materializarse la toma de control por parte de empresas extranjeras de nuestras principales compañías, se produciría un desplazamiento de los centros de decisión fuera de nuestras fronteras”, lo que reforzaría aún más la tendencia semicolonial de nuestra economía. Hasta aquí ha descendido, por ahora, el país que pretendió erigirse en potencia mundial sobre sus endebles pies de barro.

[Leer España colonia yanqui]


[1] La inversión de los Estados Unidos de América en España durante los años sesenta suponía entre un 40 y un 60% de toda la inversión extranjera en España. Con la entrada de España en la Unión Europea, este porcentaje se redujo, aunque las multinacionales norteamericanas continuaron desempeñando un papel muy destacado en la economía española, incrementándose sus inversiones en la segunda mitad de los años noventa. (Adoración Álvaro, Nuria Puig y Rafael Castro, “Las empresas multinacionales extranjeras en España, Inqualitas.net).

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