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Breve reflexión sobre la cuestión nacional (del libro Revolución Burguesa, semifeudalidad y colonialismo, 2014)

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“Desde los primeros años de la Transición se puso de manifiesto que si los cuarenta años de dictadura fascista no habían acabado con la consigna del reparto de los latifundios, tampoco habían servido para que se olvidara la lucha por las libertades nacionales. Los dos problemas principales que habían estado en la base de la guerra nacional revolucionaria de 1936-1952 salían de nuevo a la luz. Si el problema de la tierra se intenta apaciguar con la instauración del sistema del PER/Subsidio agrario, la cuestión nacional se intentará reconducir por la vía del “café para todos”. Con esa fórmula se pretendía difuminar el problema de Euskadi, Catalunya, Galiza y Canarias reduciéndolo a una simple cuestión de organización territorial. El estallido de la actual crisis ha puesto de nuevo sobre la mesa la subsistencia de los dos históricos problemas, aunque el nacional ha adquirido una virulencia mucho mayor.

BBC-Cataluña

En otros países occidentales se han registrado también en esta época diversas manifestaciones del problema nacional. Por ejemplo en el Reino Unido, con el problema de Irlanda del Norte y ahora también con el de Escocia. O en Canadá, con el problema de Quebec, donde se han realizado ya dos referéndums para decidir sobre la independencia de la región. También en Francia hubo un problema importante con el nacionalismo corso y, con menor violencia, también con el bretón y el occitano. Pero en ninguno de estos países la cuestión nacional ha alcanzado la dimensión que ha adquirido en España, donde el auge de los nacionalismos en las regiones históricamente más capitalistas e industriales del país pone en cuestión la propia subsistencia del sistema de dominación de la aristocracia financiera española.

La idea del café para todos ya la habíamos visto expresada durante la segunda República por destacados políticos de la derecha como José Calvo Sotelo, quien plantea en 1936 que

si Cataluña tiene su Estatuto, Vasconia y Galicia deben tenerlo también. Pregunta por qué no, asimismo, las demás regiones, con una Generalidad en Sevilla, otra en Zaragoza, otra en Burgos, etc. Termina diciendo: Estatutos para todos o para ninguno” (1)

Y, como planteara Calvo Sotelo, hubo estatutos para todos. Aunque se generaron diferencias a partir de la vía constitucional por la que cada región accedió a la autonomía (la vía del artículo 151 o la del 143 de la Constitución), en los años ochenta España entera quedó organizada en 17 Comunidades y 2 ciudades autónomas en los enclaves norteafricanos de Ceuta y Melilla.

Fue un fracaso. No sólo no se resolvió el problema nacional, que hoy se encuentra más agravado, sino que además se generó un problema regional, al proclamarse la autonomía en regiones en las que nunca había existido una verdadera reivindicación nacional. El café para todos servirá únicamente para colocar bajo el domino directo del viejo y del nuevo caciquismo los poderosos resortes del poder regional y provincial-insular. Se ven, así, encumbrados unos caudillos y barones regionales que utilizarán el poder autonómico para beneficiar a las camarillas oligárquicas y especuladoras a las que representan. Como explicaba José Carlos Mariátegui,

tienen plena razón las regiones, las provincias, cuando condenan el centralismo, sus métodos y sus instituciones. Tienen plena razón cuando denuncian una organización que concentra en la capital la administración de la república. Pero no tienen razón absolutamente cuando, engañadas por un miraje, creen que la descentralización bastaría para resolver sus problemas esenciales. El gamonalismo dentro de la república central y unitaria, es el aliado y el agente de la capital en las regiones y en las provincias. De todos los defectos, de todos los vicios del régimen central, el gamonalismo es solidario y responsable. Por ende, si la descentralización no sirve sino para colocar, directamente, bajo el dominio de los gamonales, la administración regional y el régimen local, la sustitución de un sistema por otro no aporta ni promete el remedio de ningún mal profundo” (2).

En el actual contexto de crisis económica profunda, la agudización de la cuestión nacional podría ocasionar un grave conflicto, sobre todo si el imperialismo se decide a aprovechar el estallido del problema catalán para aumentar su penetración militar e impulsar la balcanización del país, rebajándolo a una situación prácticamente colonial propia de los países del Tercer Mundo.

[Fragmento de mi libro “Revolución Burguesa, semifeudalidad y colonialismo. Raíces históricas del atraso y la crisis de España. Círculo Rojo, Almería, 2014, pp. 403-404).

(1) La Tarde, Tenerife, 15-5-1936, p. 5.

(2) José Carlos Mariátegui, “Regionalismo y centralismo”, en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, 1987.

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