Comprendiendo España

Inicio » Sociología

Category Archives: Sociología

Breve reflexión sobre la cuestión nacional (del libro Revolución Burguesa, semifeudalidad y colonialismo, 2014)


“Desde los primeros años de la Transición se puso de manifiesto que si los cuarenta años de dictadura fascista no habían acabado con la consigna del reparto de los latifundios, tampoco habían servido para que se olvidara la lucha por las libertades nacionales. Los dos problemas principales que habían estado en la base de la guerra nacional revolucionaria de 1936-1952 salían de nuevo a la luz. Si el problema de la tierra se intenta apaciguar con la instauración del sistema del PER/Subsidio agrario, la cuestión nacional se intentará reconducir por la vía del “café para todos”. Con esa fórmula se pretendía difuminar el problema de Euskadi, Catalunya, Galiza y Canarias reduciéndolo a una simple cuestión de organización territorial. El estallido de la actual crisis ha puesto de nuevo sobre la mesa la subsistencia de los dos históricos problemas, aunque el nacional ha adquirido una virulencia mucho mayor.

(más…)

Anuncios

“La historia de la Duquesa de Alba es un símbolo de lo peor”. Entrevista al cineasta sevillano Benito Zambrano


Muy interesante me ha parecido la entrevista que le ha hecho Alfonso Alba al cineasta lebrijano Benito Zambrano (Solas, Habana Blues, La Voz dormida) para Cordópolis (una parte está en video y la otra escrita).

Maria Galiana y Ana Fernandez en Solas(María Galiana y Ana Fernández en Solas)

Un fragmento:

P. Andalucía no se ha mantenido al margen, sino todo lo contrario. Tenemos un paro juvenil salvaje. ¿Vuelves mucho por Lebrija? El impacto de la crisis en el campo ha sido brutal. El trabajo de los jornaleros se ha mecanizado y ahora sí que hay poco trabajo en el sector agrícola…

R. Vengo de una familia de jornaleros y yo trabajé en el campo cuando era chiquitillo. Seguí con mis estudios, pero todos mis hermanos mayores trabajaron en el campo. Hay algo interesante que habría que analizar. Gran parte de Andalucía dependía del sector agrícola, pero no hemos conseguido crear una industria alternativa, o alguna de apoyo, o incluso desarrollar la industria agroalimentaria. Lo que pasó cuando dejó de haber trabajo en el campo, en el caso de mi grupo de amigos, fue que casi todos los jornaleros se fueron a la construcción, ya que era la otra alternativa laboral que no necesitaba estudios: fontaneros, electricistas, escayolistas… Buscarse la vida como podían. En el momento en el que hubo ese boom inmobiliario se ganaba mucho dinero. En Lebrija había muchísimos albañiles y muchas empresas de construcción. Además, Lebrija tenía muy buenos profesionales. Y claro, quita eso y en Lebrija no hay nada más.

P. Como pasa en el 90% de los pueblos de Andalucía.

R. Cádiz es una de las provincias con más paro de España. ¿Qué queda? No tienen nada. El campo es de poca gente, y entre la mecanización y las nuevas tecnologías, ya no necesita mucha mano de obra. Con muy poca gente llevas miles de hectáreas. Por una parte está bien, porque el trabajo en el campo era muy duro. Bienvenidas sean las máquinas. Pero, ¿qué hacemos con todos esos trabajadores sin que haya otra industria de nada? En Lebrija, no hay nada. El pueblo lleva en los últimas 30 años igual. Sector servicios, tiendecitas, bares, pero no hay grandes empresas. Esa es la pena. Estamos estancados.

P. Hablando de esas historias por contar, ¿no crees que hay una sobre la lucha de los jornaleros en los años 70 y 80 en Andalucía, al principio de la autonomía? Sobre todo con la fracasada reforma agraria, y precisamente ahora tras la muerte de la Duquesa de Alba, que representa como nadie al latifundista andaluz, al símbolo de una época. ¿No crees que hay una historia ahí, en que no se pudo repartir la tierra entre quien la trabajaba?

R. Hombre, la historia de la Duquesa de Alba es un símbolo de lo peor. Gente que lleva generaciones y generaciones, con miles y miles de hectáreas. Es un símbolo de lo peor, del señorito, del terrateniente, del cacique, de lo peor. Y que tienen culpa de que en Andalucía todos esos señoritos, los únicos que han manejado dinero durante siglos que venían del sector agrícola, lo único que querían es que esto fuese una tierra de esclavos, prácticamente.

[Acceda a la entrevista completa en Cordópolis.es]

 

La economía semicolonial y el imperialismo español


Indudablemente, la presencia del capital extranjero en la economía española ha aumentado mucho desde que estalló la actual crisis. Fondos más o menos buitre sobrevuelan el sector inmobiliario y cualquier otro sector devaluado, como el de las energías renovables, que pueda proporcionarles lucrativos beneficios a medio plazo. Hasta el sector financiero está cayendo en sus manos: Banco de Santander, Bankinter y el Banco Popular, cuyo valor en bolsa ha descendido mucho, tienen ya más de un 30% de capital extranjero en su accionariado. En el caso del BBVA, este porcentaje se eleva hasta el 52,3% a finales de 2013[1]. Bankia ha subido en sólo nueve meses del 3,8% al 19,3%[2].

Fondos buitre

El hundimiento del país que aspiraba a ser la séptima potencia del mundo ha llevado a España al grupo de los “países periféricos” de Europa. El control que sobre su economía ejerce el capital imperialista extranjero aumenta progresivamente, reproduciéndose una vez más el proceso que se viene registrando desde mediados del siglo XIX. Efectivamente, tras las etapas de expansión internacional, desarrolladas en contextos de intenso crecimiento económico en el interior, viene siempre una profunda crisis; y con la crisis se agudiza la dimensión semicolonial de la economía española al aprovechar el capital extranjero la debilidad del capital autóctono y la agónica situación de la hacienda pública.

La dimensión semicolonial de la economía hispana nunca ha dejado de manifestarse; ni en los períodos de crecimiento ni en los de crisis. De hecho, los períodos de crecimiento casi siempre son resultado de la afluencia masiva de capitales extranjeros, con la excepción de la etapa de intenso crecimiento que tuvo lugar durante los años de la primera Guerra Mundial.

En estos períodos de crecimiento, la penetración del imperialismo extranjero tiende a producir un cierto efecto de arrastre sobre un capital autóctono que se desarrolla al calor suyo (capital burocrático). La oligarquía hispana, animada por la buena marcha de sus negocios, acaba poniendo en marcha políticas expansionistas en el exterior, con la intención de aumentar sus beneficios y ganar posiciones en el contexto internacional. Sin embargo, el estallido de la crisis profunda que, tarde o temprano, siempre acaba por llegar, pone fin a los sueños imperiales. El país queda postrado y los capitales extranjeros aprovechan para aumentar el control que ya tenían sobre la economía nacional.

Desde mediados del siglo XIX —para no remontarnos ahora a los siglos anteriores— viene manifestándose este proceso. En la España actual podemos también reconocerlo.

Durante los años cincuenta y sesenta se agudiza el proceso de penetración del imperialismo norteamericano en la economía española, sobre todo tras la firma en 1953 del Convenio defensivo, de mutua defensa y ayuda económica entre EEUU y España, que abrió las puertas a la presencia militar directa de los Estados Unidos en España. Tras la firma del acuerdo se construyen las bases aéreas de Zaragoza, Torrejón de Ardoz y Morón de la Frontera, y la base naval de Rota, en Cádiz. A cambio de un poco de ayuda económica, el acuerdo ponía un país hundido como España al servicio de los intereses militares y económicos de la que sería nueva superpotencia mundial.

Eisenhower y Franco

En 1959 el colapso económico del régimen de Franco da lugar a la aprobación —acordada con el FMI y la OECE— de un plan de rescate económico para España (Plan de Estabilización), que flexibiliza en gran medida las restricciones a la inversión extranjera y repatriación de beneficios que se habían puesto en marcha en el período autárquico. Entre 1959 y 1960, la Inversión Extranjera Directa en España se septuplicó, pasando de los 12 millones de dólares de 1958 a los 86 millones de 1960. Entre el 40 y el 60% de esta IED corresponderá al capital estadounidense. En segundo lugar figuraban las inversiones suizas, que realmente eran, en muchas ocasiones, inversiones de capitales igualmente norteamericanos. En 1967, el Departamento de Comercio de los Estados Unidos publicó un informe en el que se decía que “España ofrece oportunidades únicas a las empresas extranjeras”.

En los años setenta, sin embargo, la presencia del capital norteamericano comienza a disminuir, siendo reemplazada por la llegada cada vez mayor del capital europeo, principalmente de Francia y Alemania, que van tomando posiciones de cara a la posterior entrada de España en la CEE. Independientemente del volumen de estas inversiones —que fue grande—, lo que se trata de comprender es que fueron las que impulsaron el crecimiento del capitalismo español en todas y cada una de las etapas expansivas que se vivieron en el país, con la excepción ya comentada de los años de la primera Guerra Mundial.

Las inversiones extranjeras, tanto en forma de Inversión Extranjera Directa (IED) como de transferencia tecnológica o financiera, fueron la base en la que se sustentó el desarrollismo de los años sesenta. Sólo la IED recibida ascendió entre 1960 y 1970 desde los 86 millones hasta los 222 millones de dólares, lo que permitió que se registrara en España un elevado crecimiento anual del 7% durante la década.

Luego estalla la crisis y se produce, en 1975, un fuerte descenso de la afluencia de IED que dura sólo unos pocos años, para comenzar de nuevo a ascender a partir de 1977, puesto que las crisis generan siempre numerosas oportunidades e incluso gangas que el capitalismo extranjero no puede dejar de aprovechar, en su intento por recuperarse de la profunda crisis en que había entrado durante los años anteriores. De este modo, entre 1977 y 1980, cuando el PIB español caía en picado hasta llegar al crecimiento negativo y las cifras de desempleo no paraban de crecer, la llegada de IED extranjera a España se multiplica por 2,5, pasando de los 607 millones de dólares de 1977 a los 1.492 de 1980, tendiendo a estabilizarse hasta mediados de la década, precisamente cuando el PIB comienza a remontar. O sea, que el imperialismo extranjero, principalmente europeo, aprovechó el peor momento de la economía española para reforzar considerablemente su control sobre la misma.

Posteriormente, a mediados de los años ochenta se inicia un nuevo ciclo económico en el país. Efectivamente, con la entrada de España en la CEE —en verdad, un año antes, en 1985— comienza una nueva etapa de gran crecimiento, superándose la profunda crisis que se desarrolla desde mediados de los setenta hasta mediados de la década siguiente.

Este crecimiento fue impulsado, una vez más, por el capital extranjero, principalmente europeo. Estos capitales aumentan considerablemente su afluencia hacia España, tanto a través de la IED como de las ayudas europeas a la convergencia o de los préstamos a bancos y cajas de ahorros obtenidos en el mercado interbancario, principalmente de Frankfurt, que presentaba exceso de liquidez y necesitaba mercados en los que invertirse. Estas ayudas y préstamos en el interbancario, más que alimentar, podemos decir que hicieron posible el tránsito que tiene lugar a partir de los años ochenta desde la economía industrial que se había impulsado en los años del desarrollismo hacia la nueva economía basada en la construcción y el turismo en la que se basará el segundo milagro económico español.

Atendiendo sólo a la IED —sin contar, por tanto, lo que llegó vía ayudas o préstamos y las inversiones de cartera— el stock de inversiones extranjeras en la economía española se multiplicó por 13, pasando de los 5.000 millones de dólares de 1980 a los 66.000 millones de 1990. En 2002 era de 156.000 millones de dólares y en 2012, en la crisis más profunda de la historia de la España democrática, el capital extranjero invertido directamente en la economía española alcanzaba ya los 634.000 millones de dólares, lo que representa el 46,97% del PIB nacional. Por tanto, entre 1980 y 2012, el stock de la IED en España se ha multiplicado casi por 127. En 1973, el capital extranjero está presente en el 31,1% de las grandes empresas españolas. En el año 2000 este porcentaje había subido hasta el 54,1%[3]. En el sector industrial, el número de empresas extranjeras representa sólo el 1,75% del total del sector, pero suyo es cerca del 40% del negocio. De hecho, durante la actual crisis, el número de empresas extranjeras en la industria de España ha aumentado un 29% pese a que el número total de industrias se ha reducido en más de 20.000, perdiéndose casi un millón de empleos (el 29,5% del total en el sector) a la altura de 2014. Una vez más se advierte como el imperialismo extranjero aprovecha la crisis económica de España para aumentar su penetración económica en el país. Según la Encuesta sobre Estrategias Empresariales, el 55% del empleo de la industria química ha sido generado por empresas multinacionales extranjeras; el 63%, de la industria del motor, y el 24% de la industria metalúrgica[4]. En la importante industria alimentaria, seis de las diez empresas más grandes estaban, en 2010, en manos de capital extranjero y la penetración no ha hecho sino aumentar, incrementándose al mismo tiempo el riesgo de la deslocalización:

“Entre 2001 y 2009, Unilever ha cerrado seis fábricas en España y ha despedido a 2.400 trabajadores. El 70% de su producción la realiza ya fuera. El año pasado la estadounidense Kraft vendió la fábrica de Mahón (Menorca) a Nueva Rumasa. Ahora, la legendaria marca española El Caserío se fabrica en Bélgica. En 2008, Cadbury cerró la fábrica de Trident en Barcelona, dejando en la calle a 250 trabajadores, para irse a producir a Polonia. Y la lista sigue”[5].

Las empresas extranjeras instaladas en España lideran claramente los sectores más innovadores y tecnológicos de la economía del país. Entre las más grandes figuraban, en 2005, 21 francesas, 17 estadounidenses, 11 alemanas, 7 británicas y 2 franco-alemanas. El capital francés se ha ido concentrando en las empresas de distribución (Altadis, Carrefour, Dia, Alcampo, Leroy Merlin, Decathlon, etc.), en la industria del automóvil (Renault, Peugeot Citröen), seguros (Axa), alimentación (Danone), telecomunicaciones (Alcatel), cosmética (L’Oreal), etc. El imperialismo alemán, por su parte, se ha concentrado también en la industria automovilística (Volkswagen Audi, Mercedes Benz), en la distribución (Lidl, Makro, Media Markt-Saturn, Aldi), el turismo (TUI AG), la industria farmacéutica (Bayer), seguros (Allianz, DKV), calzado (Adidas), etc. Los norteamericanos tienen también una presencia muy importante, sobre todo a partir de la segunda mitad de los noventa, cuando han comenzado a recuperar parte del peso que alcanzaron en los años cincuenta y sesenta. Los sectores en los que predominan son el petróleo (Gulf Oil, Standard Oil), industria automovilística y de tractores (General Motors, Chrysler, John Deere), bebidas (Coca-Cola, Pesicola, etc.), industria química, farmacéutica, etc. El capital británico mantiene también importantes posiciones en telefonía (Vodafone), petróleos (BP), farmacéuticas, etc., a lo que se suman las crecientes inversiones de sus fondos de inversión.

A la Inversión Extranjera Directa hay que sumar también, por lo tanto, las inversiones de cartera, que han aumentado considerablemente — y más aún durante la actual crisis— la desnacionalización de las más importantes empresas españolas. Por ejemplo, casi un 52% de las acciones de la petrolera REPSOL están en manos del capital extranjero[6] y lo mismo sucede con otra de las grandes: el BBVA. En 2008 declaraba el ministro socialista de Industria, Turismo y Comercio que la “españolidad” de una compañía se definía “como una situación en la que los accionistas españoles tienen, al menos, el mismo porcentaje de representación en el accionariado que los accionistas extranjeros“. Desde ese razonable punto de vista, ni REPSOL ni BBVA son ya empresas españolas. Tampoco lo es ENDESA, la principal compañía eléctrica de España y una de sus principales multinacionales. En febrero de 2009, la eléctrica italiana ENEL, participada por el Estado italiano, se hizo con el 92,06% de sus acciones. Por su parte, la petrolera CEPSA pasó, en 2011, a ser propiedad del International Petroleum Investment Company (IPIC), constituida por el Gobierno del Emirato de Abu Dhabi.

En 2009 el capital extranjero —que a comienzos de la crisis controlaba ya el 36,8%— llega a poseer el 40,1% de la Bolsa española, marcando así un record histórico. Siguiendo el criterio del ministro, estamos sólo a 10 puntos de perder la españolidad de la propia Bolsa, mirada globalmente. Ciertamente, “las empresas españolas están baratas y en el punto de mira de los cazadores de gangas” puesto que su valor en bolsa ha llegado a ser inferior al valor de sus activos. Incluso las grandes “constructoras”, que siempre han tenido una escasa participación de capital extranjero, comienzan a ser objeto de su interés. En 2013, por ejemplo, Bill Gates compra el 6% de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), convirtiéndose en su segundo accionista más grande, tras Esther Koplowitz:

“España está barata y por tanto, está en venta como consecuencia de la caída experimentada en bolsa en los últimos cinco años y sus cotizadas están, como se dice vulgarmente, a tiro de OPA”

“En un futuro relativamente corto, muchos bancos, como consecuencia de su obligada política de desapalancamiento, se van ver obligados a deshacerse de la mayor parte de sus participaciones empresariales en compañías del Ibex 35 como Telefónica, Iberdrola, Repsol,  Abertis, BME, Mapfre o Indra y no parece arriesgado afirmar que estas compañías van a tener pronto otros compañeros de viajes distintos de los actuales y que éstos serán de capital extranjero, dada la ausencia de ahorro interno lo que hace inviable que muchas empresas españolas formen parte de esa especie de timba que muchos analistas vislumbran, aunque alguna está en disposición de participar en la partida”[7].

De hecho, los principales dueños de la Bolsa española son ya las gestoras de fondos de inversión, que controlan más del 12% del mercado bursátil. Destacan entre ellas la norteamericana Blackrock (Telefónica, Iberdrola, Repsol, BBVA, Santander, Inditex), el banco noruego Norges (prácticamente en las mismas empresas que Blackrock más Abengoa), la francesa Lixor, del Société Générale, la estadounidense The Vanguard, el francés Amundi, etc. En la prensa se comienza a hablar de “colonización económica extranjera[8].

Blackrock

Por lo tanto, las cifras no dejan lugar a dudas. En la España actual ha tenido lugar un progresivo aumento del control que sobre la economía nacional ha venido ejerciendo el capital imperialista extranjero desde el siglo XIX, llegando en este momento de crisis profunda al nivel más elevado de nuestra historia contemporánea.

Además de la importancia de la IED y de las inversiones de cartera, el dominio del capital extranjero sobre la economía española aumenta su dimensión si tenemos en cuenta la transferencia de tecnología. España es uno de los países desarrollados más dependientes de la tecnología extranjera. Efectivamente, “la economía española es tributaria del capital y del saber hacer de las empresas extranjeras[9]. Los datos del comercio exterior de productos de alta tecnología lo reflejan claramente. En 2008 España exporta productos de alta tecnología por valor de 7.841,8 millones de euros e importa por valor de 27.851,9 millones. De hecho la Tasa de cobertura (porcentaje de importaciones que pueden pagarse con las exportaciones realizadas en un período de tiempo) de este tipo de mercancías viene experimentando una tendencia a la disminución. En 2005, la tasa fue del 37% mientras que en 2008 había descendido hasta el 28%, lo que indica que el país es cada vez más dependiente tecnológicamente. Igual que en el pasado, España importa mucha tecnología y exporta poca, en contra de lo que sucede en los países más desarrollados. Sólo con la caída de la demanda interna derivada de la crisis económica y no por el esfuerzo de España en I+D —que de hecho se ha reducido—, la tasa de cobertura de productos de alta tecnología ha podido aumentar hasta el engañoso 49% de 2011.

Vemos, por tanto, que el capitalismo español no ha perdido en la época de la España modernizada y democrática el carácter semicolonial que lo ha venido caracterizando casi desde su nacimiento en el siglo XIX. El Alto Comisionado del Gobierno para eso que han dado en llamar la Marca España ha afirmado recientemente que

“España es un país que desde que existe como Estado moderno ha requerido el concurso de capital extranjero para financiar la gigantesca colonización de América, las guerras en suelo europeo o el crecimiento económico desde la incipiente revolución industrial del siglo XIX hasta el posterior desarrollo del siglo XX tras el enorme drenaje de fondos que supuso la Guerra Civil.

La inversión extranjera en España ha jugado siempre un papel importante evitando en muchos casos el estrangulamiento que nuestra falta de recursos propios de capital habría ocasionado. Puede afirmarse, sin temor a caer en exageraciones, que el desarrollo económico y social de España no hubiese sido posible sin la contribución de la inversión extranjera.

“Hoy España, la Marca España, no puede entenderse sin la decisiva aportación que ha supuesto la inversión extranjera al desarrollo, internacionalización, innovación y mejora de la competitividad de nuestra economía”[10].

Se lamentaba —además— el Alto Comisionado, marqués de Valtierra desde 1985, de que “tanto la literatura económica española como la opinión pública, o no se han interesado o no conocen suficientemente el papel que ha jugado en nuestro bienestar y en nuestra competitividad” el capital extranjero[11]. Es cierto. Durante varias décadas ha sido necesario ocultarlo para defender la “normalidad” del desarrollo histórico del país, frente a la “particularidad” que siempre señaló el pensamiento marxista. Y es lógico que así se haya hecho, pues no parece muy “normal” un capitalismo que, por falta de recursos propios, era incapaz de desarrollarse sin la masiva afluencia del capital extranjero. Desde luego, a nadie se le ocurriría afirmar lo mismo del capitalismo británico, francés, alemán o norteamericano, pese a la importancia que la inversión extranjera pueda tener en esos países en el actual estadio de la economía mundial. El capitalismo en todos esos países se desarrolló basándose en sus propios medios, en la acumulación de capital de su propia burguesía. No fue ese el caso de España porque aquí se desarrolló un capitalismo “extraordinariamente dependiente del capital extranjero”, o sea, un capitalismo burocrático. Que el marqués de Valtierra lo reivindique no es de extrañar puesto que representa a una oligarquía que siempre prosperó al calor de las inversiones del imperialismo extranjero, con el que desde el principio se alió para el común saqueo de los recursos naturales y humanos del país. No puede estar más claro, sin embargo, que si los capitales extranjeros son los principales responsables del “desarrollo económico y social de España” —lo cual es cierto—, también tendrán una gran responsabilidad en la crisis profunda del modelo de crecimiento económico que impulsaron en el país. Al igual que la tiene la oligarquía a la que representa el marqués de Valtierra.

¿Cómo es posible que un capitalismo de ese tipo, que no podía entenderse sin la participación decisiva de la inversión extranjera, haya desarrollado una importante dimensión imperialista durante los años noventa, hasta el punto de que el país se convierte en uno de los mayores inversores extranjeros en regiones como Latinoamérica, disputándole la hegemonía a los mismísimos Estados Unidos?

Ciertamente, la tendencia no es nueva. De hecho, las clases dominantes españolas siempre han intentado aprovechar los momentos de expansión económica en el interior —vinculados a la afluencia masiva de capitales extranjeros— para poner en marcha políticas expansionistas en el exterior. Pero tras estos períodos de expansión económica, política y militar en el exterior, venían siempre profundos hundimientos que acababan en un mayor sometimiento de la economía del país a los capitalistas extranjeros. Esto mismo sucederá en la etapa histórica actual.

Los primeros intentos de proyección internacional de la economía española se registraron durante los años sesenta, principalmente en torno a 1964-1965, en un contexto de gran crecimiento interno impulsado por la afluencia masiva de capital extranjero, sobre todo del norteamericano. El intento de expansión se dirigió hacia América Latina y se materializó, no sólo en un aumento de la exportación de mercancías desde España, sino también en la exportación de capitales (IED), tendencia que se acentuó a principios de los años setenta. En aquellos años España conservaba aún los territorios coloniales africanos del Sáhara español, Sidi Ifni y Guinea Ecuatorial. Posteriormente, durante los años ochenta, las relaciones económicas de España se dirigen principalmente al continente europeo, reduciéndose los vínculos con Latinoamérica.

Pero habrá que esperar hasta la década de los noventa para que se inicie el proceso de expansión de las grandes empresas monopolistas españolas fuera de nuestras fronteras, un proceso que alcanza una dimensión verdaderamente importante durante la década del 2000. Antes de los años noventa prácticamente no existían inversiones directas de capital español fuera del país, tras el desastre que supuso la aventura colonialista en África. Así de reciente es, realmente, nuestra historia de moderno país imperialista.

neocolionalismo

En la primera etapa, el grueso de las inversiones se orientó hacia Latinoamérica. La vía utilizada no fue tanto la creación de nuevas empresas —lo que no concordaba demasiado con la aversión al riesgo de la aristocracia financiera hispana— sino la adquisición de empresas ya existentes que disfrutaran de una posición hegemónica o incluso monopolista en el mercado del país receptor. Para ello aprovecharán, en un primer momento, la política de fuertes privatizaciones de empresas estatales que estaban llevando a cabo los países latinoamericanos en aquellos años. Se invierte principalmente en el sector de la energía, finanzas, telecomunicaciones e infraestructuras, siendo muy escasa la inversión en industria manufacturera y metalúrgica, a diferencia de lo que sucede con la IED extranjera en España.

Las empresas españolas se orientan hacia “sectores ocupados históricamente en España por grandes empresas públicas en régimen de monopolio y otras privadas que actuaban en régimen de oligopolio”, buscando condiciones similares en los países destinatarios de su inversiones de capital[12]. Las inversiones en cartera se desarrollan principalmente entre 2003 y 2006, centrándose principalmente en el sector bancario.

En una segunda fase del proceso de internacionalización, la IED española se va orientando hacia la Unión Europea y se diversifica algo más, llegando en 2009 a representar el 60% del stock total de IED emitida por España.

Para entender la expansión internacional del capitalismo hispano que tiene lugar a partir de los años noventa, hay que tener en cuenta que dicha expansión se produce en el contexto de la etapa de gran crecimiento que se iniciaba en aquellos años. Desde mediados de esa década, la economía especulativa que se desarrollaba en España torno al sector de la construcción llega a límites desconocidos hasta ese momento en Europa, generándose la gigantesca burbuja inmobiliaria que todos conocemos. Y la burbuja inmobiliaria dio lugar a la burbuja imperial.

Esta expansión no puede concebirse sin la inyección continuada de grandes volúmenes de financiación externa procedente, principalmente de Alemania, que así encontraba una forma lucrativa de invertir los excedentes de capital que acumulaba su poderosa banca. Una financiación que, además, se abarata considerablemente con la constitución de la Unión Económica y Monetaria y la introducción del euro entre 1999 y 2002.

Sin el recurso a la financiación externa, abundante y barata, que inyecta masivamente el imperialismo europeo en la economía española no se entiende el segundo milagro económico español y sin dicha financiación no se entiende tampoco la expansión imperialista española. Efectivamente, las transnacionales hispanas no contaron en ningún momento con importantes recursos propios para llevar a cabo dicha expansión. La financiación externa se materializó, por tanto, a través de préstamos de la banca europea a la banca española y de inversiones de cartera (bonos bancarios) respaldadas por activos inmobiliarios. Dicha inversión “fue clave para financiar procesos de crecimiento empresarial, incluido la implantación de las empresas españolas en el exterior[13].

Por lo tanto, el imperialismo español fue, en cierta medida, un imperialismo de prestado, como prestada —o más bien importada— fue la tecnología que las empresas españolas utilizaron en su expansión. Pues si no tenían recursos propios, tampoco era suya —española— la mayor parte de la tecnología.

Sin embargo, tras el estallido de la actual crisis económica se hizo extremadamente complicado acceder a nueva financiación externa, dificultades que se trasladaron al mercado financiero interno. El resultado fue el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento de la frágil economía española.

El efecto de este hundimiento en las transnacionales hispanas se refleja en una reducción parcial de su importancia relativa en los países receptores de la IED española, por la política de desinversiones que varias compañías —por ejemplo, Telefónica— están llevando a cabo para reducir su deuda[14]. Sin embargo —y a pesar de esta relativa reducción— lo cierto es que, en líneas generales, parece que las multinacionales están consiguiendo mantener buena parte de las posiciones conquistadas en la etapa expansiva. Para financiarse en esta época de crisis no han podido recurrir, de la misma forma que antes de la crisis, al crédito bancario. Tampoco han podido recurrir a la emisión de unos bonos corporativos que ya no era posible respaldar con unos tóxicos y desvalorizados activos inmobiliarios. Por lo tanto, la emisión de acciones se convierte en la principal forma de seguir financiando la expansión exterior empresarial[15].

Y precisamente en el mercado bursátil, en la compra-venta de esas acciones, es donde se va produciendo la pérdida de la españolidad de la mayoría de estas transnacionales. O sea, que si se están manteniendo como empresas multinacionales durante estos años de crisis profunda del capitalismo español, es a costa de ser cada vez menos españolas.

Efectivamente, la estrategia del imperialismo norteamericano y europeo parece pasar, no tanto por aprovechar la crisis para desplazar a las multinacionales españolas de sus mercados exteriores, sino por aprovechar en beneficio propio las posiciones que conquistaron en esos mercados durante los años anteriores, haciéndose progresivamente con su capital social y manteniendo una nacionalidad española cada vez más ficticia[16].

Por último hay que hacer una breve mención a la balanza de rentas. En esta balanza se refleja la relación existente entre los ingresos o beneficios producidos por las inversiones españolas en el exterior, y los pagos por las inversiones realizadas en el interior (en España) por los capitalistas extranjeros. Pues bien, a pesar de los cuantiosos beneficios obtenidos por las multinacionales españolas en sus negocios en el exterior durante la primera década del siglo XXI, lo cierto es que la balanza de rentas ha sido siempre deficitaria para España[17]. O sea, que el valor de la riqueza española que han succionado los capitalistas extranjeros ha sido siempre superior a la riqueza de otros países que han conseguido succionar los capitalistas españoles.

Dicho con nuestras palabras, podríamos resumirlo así: igual que en el pasado, la economía de España tiene una tendencia semicolonial y una tendencia imperialista, y la que más pesa sigue siendo la semicolonial. Y durante la actual crisis —al igual que en las anteriores— esta dimensión semicolonial se ha venido reforzando progresivamente.

[Extraído del libro Revolución burguesa, semifeudalidad y colonialismo. Raíces históricas del atraso y la crisis de España.

[Descargar libro en pdf]

 

[1] Javier Mesones, “BBVA ya tiene más accionistas extranjeros (52,3%) que españoles (47,7%)”, Invertia, 14-03-2014.

[2] “Los inversores extranjeros ya tienen un 19,3% del capital de Bankia”, Expansión.com, 10-03-2014.

[3] Joan-Eugeni Sánchez, “El mercado inmobiliario y los promotores: cambios en la gran empresa inmobiliaria”, 2003.

[4] Carlos Sánchez, “Casi el 40% de la industria española está ya en manos de empresas extranjeras”,El Confidencial, 26-09-2013.

[5] Carmen Llorente, “España pierde el control de la alimentación”, El Mundo, 1-03-2010.

[6] Esto sin contar con el capital extranjero de sus accionistas principales CaixaBank y Sacyr Vallehermoso. La salida de la mexicana Pemex del accionariado no cambia esta circunstancia puesto que sus acciones van a seguir, obviamente, en manos del capital extranjero.

[7] Carlos Díaz Güell, “AT&T-Telefónica: Las empresas españolas están baratas y en el punto de mira de los cazadores de gangas”, en el blog económico Tendencias del dinero, edición nº 215, junio de 2013.

[8] Isabel Ordóñez, “La colonización extranjera de la economía española”, Forum-Libertas.com, 1-09-2010.

[9] Adoración Álvaro, Nuria Puig y Rafael Castro, “Las empresas multinacionales extranjeras en España”, 2008.

[10] Deloitte, “La inversión extranjera en España y su contribución socio-económica”, 2014, p. 4.

[11] Ibíd…, p. 5.

[12] Ramón Casilda Béjar, “La década dorada 1990-2000. Inversiones directas españolas en América Latina”, 2002.

[13] Emilio Ontiveros y Sara Baliña, “La internacionalización de la economía española”, 2012, p. 133.

[14] “Telefónica vende activos en Centroamérica para reducir la deuda”, El País, 30-04-2013; “Telefónica vende su filial en Irlanda por 850 millones a Hutchison Whampoa”, El País, 24-06-2013.

[15] Emilio Ontiveros y Sara Baliña, op. cit., p. 136.

[16] El periodista económico Carlos Díaz Güell señala en un interesante artículo que una de las condiciones que el capital extranjero valora más positivamente a la hora de invertir en acciones de grandes empresas españolas es precisamente “que tengan un elevado porcentaje de internacionalización” (Carlos Díaz Güell, op. cit.).

[17] Emilio Ontiveros y Sara Baliña, op. cit., p, 137.

Estadísticas web

REVOLUCIÓN BURGUESA, SEMIFEUDALIDAD Y COLONIALISMO. Raíces históricas del atraso y la crisis de España (nuevo libro)


[comprar libro]

[Un libro que no recomendaría Zuckerberg]

Introducción

Cuando estaba acabando la redacción de este libro tuvieron lugar las elecciones al Parlamento europeo del 25 de mayo de 2014. Si los resultados se pudieran extrapolar a las elecciones generales que tendrán lugar a finales de 2015 o enero de 2016, el bipartidismo se habría acabado España. Llevan algún tiempo anunciándolo, pero hasta ahora no acababa de manifestarse realmente. Por primera vez, la suma de votos de los dos grandes partidos turnantes no llega al 50% de los sufragios.

Poco antes de que las europeas se celebrasen, se escuchaban ya las primeras voces que apuntan a la posibilidad “teórica” de que pueda llegar a requerirse un gobierno de concentración entre el PP y el PSOE, si circunstancias excepcionales o de emergencia lo demandaran. Si los resultados de las europeas se trasladasen a las generales —lo que no tiene por qué suceder exactamente— ni siquiera esa coalición antinatura proporcionaría la mayoría necesaria para gobernar. Haría falta algún apoyo más.

En Barcelona llevan ya varios días de ardientes barricadas a pesar del fuerte dispositivo policial que pretendía impedirlo. Los jóvenes de la ciudad parecen querer hacer honor a la fama que un día Barcelona tuviera. Escribió Engels una vez que la capital catalana era “la ciudad fabril de España, cuya historia registra más luchas de barricadas que ninguna otra del mundo”. Y cuando Engels lo dijo ya habían tenido lugar tres grandes revoluciones en París (1789, 1830 y 1848). Si las luchas se siguieran reproduciendo en Catalunya podrían llegar a afectar al desarrollo del proceso soberanista, que parecía imparable. La burguesía catalana podría asustarse una vez más y aplazar sus planes independentistas. No sería la primera vez que lo hacen ante el pánico que provoca en ellos la sola posibilidad de la insurrección de las masas. Para reprimir al pueblo conviene tener cerca a la guardia civil y, si hiciera falta, también al ejército español. El alcalde de Barcelona parece consciente del problema y ha comenzado a recular. La hierba está demasiado seca.

Barcelona-okupas

Comparando la situación actual con otras de nuestra historia, podríamos encontrarnos en un momento cercano al que se vivió en torno a 1917. Fue el momento en que se vino abajo el bipartidismo implantado en 1876 con el sistema canovista. Luego vinieron seis años de gran conflictividad social, nacional y colonial (Annual), que dieron paso a una dictadura (1923), cuyo hundimiento llevó a la segunda República (1931) y a la guerra nacional revolucionaria (1936).

En 2015 ­habrá elecciones municipales, autonómicas y generales. Mala coincidencia. Si al final se confirma la crisis del bipartidismo de la que se habla —la duda no es si tal crisis se producirá sino cuándo—, la oligarquía podría encontrarse con grandes problemas para gobernar el país. En 1923, pocos meses antes de que el general Miguel Primo de Rivera diera el golpe de Estado en Barcelona, la composición del Parlamento español era la siguiente:

  • 120 demócratas; 55 romanonistas; 55 albistas; 25 reformistas; 10 gassetistas; 10 seguidores de Alcalá Zamora; 78 de Sánchez Guerra; 18 bugallalistas; 23 mauristas; 26 republicanos; 7 tradicionalistas; 28 regionalistas; 9 socialistas y los restantes, ciervistas, agrarios y otros.

La crisis política se hizo insostenible. El parlamentarismo español fue incapaz de resistirlo. Por eso, en la Transición se preocuparon bastante de diseñar un sistema que facilitara la alternancia pacífica entre los dos grandes partidos —el liberal (hoy PSOE) y el conservador (PP)— y conjurara el peligro de la fragmentación política. Porque sabían que España no la resiste. Si en medio de la profunda crisis económica en la que el país se encuentra, con seis millones de parados, el bipartidismo se hunde y da paso a una situación política excesivamente fragmentada que obligue a instaurar gobiernos de concentración, de aquí a unos pocos años podría ser necesario recurrir a un cambio radical del sistema político que permitiera la conservación del sistema de Estado. Cambiar todo para que todo siga igual. La abdicación del rey forma parte de todo este proceso y, a su vez, contribuirá, sin duda, a acelerarlo.

La situación se agrava considerablemente si a la crisis económica y política se le suma la agudización de la cuestión nacional. En 1922 se fundaron en Catalunya “Acciò Catalana” y Estat Català (hoy ERC), en oposición a la política de la Lliga (hoy CIU). Un año después se articula una Alianza de nacionalidades para aglutinar al nacionalismo de Catalunya, Euskadi y Galiza. Dos días después de la firma de la Triple Alianza nacionalista el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, daba el golpe de Estado que acababa con el Parlamentarismo restauracionista, iniciándose un período de siete años de dictadura. Hoy quizás no fuera tan fácil resolver el problema. La intervención del imperialismo extranjero podría complicarlo todo mucho más, contribuyendo a una balcanización que podría convenirles.

No es que un golpe militar tenga necesariamente que producirse, aunque tal y como están las cosas todo es posible, y de vez en cuando se escucha algún ruido de sables, siempre en relación con el problema catalán. Se piense o no en un golpe militar, es de suponer que las clases dominantes estarán barajando ya algún tipo de salida más o menos autoritaria, por si fuera necesario recurrir a ella cuando fracasen los gobiernos de concentración. Y quién sabe si ya estarán haciendo algunos experimentos. Ya sé que son muchos condicionales, pero a veces las cosas se lían de una forma increíble. Y a perro flaco todo son pulgas.

Por otra parte, las cosas en Europa no es que vayan en sentido contrario, precisamente. No en vano, en nuestra vecina y democrática Francia acaba de ganar las elecciones europeas un partido fascista y en 2017 podríamos tener un gobierno de ese tipo pegado a nuestra frontera. Puede que incluso antes, pues Marine Le Pen, tras su triunfo electoral, ha reclamado la disolución de la Asamblea y la convocatoria anticipada de elecciones legislativas.

Personalmente, no creo que un partido como el de Le Pen pueda arraigar fácilmente en España, aunque ya haya algún ejemplo de ese tipo en algunas localidades de Catalunya. El sentimiento de rechazo de los españoles al fascismo es demasiado grande, tras casi cuarenta años de criminal dictadura. Y un nuevo golpe militar podría provocar una revolución popular y otra guerra civil. Así que lo más probable es que el fascismo en España, para avanzar por la vía pacífica, venga disfrazado de progresismo.

Lenin explica que una situación revolucionaria se caracteriza por tres síntomas principales:

  1. “La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las «alturas», una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpe el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar que «los de abajo no quieran» sino que hace falta, además, que «los de arriba no puedan» seguir viviendo como hasta entonces.
  2. Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas.
  3. Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos «de arriba», a una acción histórica independiente”.

De estos tres síntomas, el segundo parece que es el que podemos ver más claramente. Durante la actual crisis económica los sufrimientos de las masas populares en España han aumentado muchísimo, llegando en bastantes ocasiones a la desesperación.

El primero de los síntomas aún no se había manifestado abiertamente, pero ya comentamos antes que en las próximas elecciones (2015) podrían comenzar a registrarse auténticos problemas para gobernar el país, si los resultados electorales siguieran la tendencia de las europeas del 2014. Por lo pronto, la crisis que ya venía sufriendo uno de los dos partidos del turno pacífico (el PSOE) se ha agudizado considerablemente tras el fracaso electoral, encontrándose ahora en la tesitura de tener que elegir a toda velocidad una nueva dirección y un nuevo candidato a las elecciones del próximo año. Aún no había acabado la anterior dirección de plantear la renuncia a continuar en sus cargos y ya estaban los barones socialistas tirándose los trastos a la cabeza. El proceso soberanista de Catalunya también está agudizando las contradicciones en el sistema político y más que las va a agudizar. Las clases dominantes, conscientes de lo peligrosa que es la situación, han optado por acelerar el recambio en la Jefatura del Estado pensando, probablemente­, que si las cosas están mal, mucho peor van a ponerse.

Y en cuanto al tercer síntoma de la situación revolucionaria, será la crisis política de la clase dominante la que abra las grietas por las que irrumpirá, más temprano que tarde, la creciente indignación de las masas populares, arrastrando “a la política hasta a las masas más atrasadas”. No es la movilización de las masas la que genera la situación revolucionaria sino al revés: el desarrollo de la situación revolucionaria es la que genera el ascenso de la lucha de las masas.

En los últimos tiempos se han registrado algunas luchas importantes. La de la minería en el verano de 2012 fue una de las que más consiguió impactar en la conciencia del pueblo, removiendo al país entero.

mineros Ciñera

Recientemente (enero de 2014), en el barrio burgalés de Gamonal la movilización popular consiguió hacer retroceder a la oligarquía caciquil, que tuvo que abandonar un gran proyecto de especulación urbanística ante el peligro de que el ejemplo de lucha de todo un barrio se extendiera a otros lugares del país, lo que ya empezaba a suceder. En mayo de este año, las barricadas han vuelto a incendiar las calles de Barcelona. Igual que en Burgos, los jóvenes de Barcelona consiguen el apoyo popular. La prensa se alarma: “El método Gamonal se exporta a Barcelona.

Lenin aclara:

  • “ni la opresión de los de abajo ni la crisis de los de arriba basta para producir la revolución –lo único que producirán es la putrefacción del país— si el país dado carece de una clase revolucionaria capaz de transformar el estado pasivo de opresión en estado activo de cólera y de insurrección”.

Y para ello, la clase revolucionaria necesita un partido auténticamente revolucionario, un partido que consiga encontrar el camino para dirigir la lucha del pueblo hasta la toma del poder, derrocando el aparato del Estado de las actuales clases dominantes. Lo dijo Joaquín Costa: para que viva el pueblo es preciso que desaparezca la oligarquía imperante.

Este libro intenta ser una contribución a ese proceso. Porque la historia tiene mucho que aportar. Entre finales de los años sesenta y principios de los ochenta se desarrolló en España una situación objetivamente revolucionaria como la que hoy se está desarrollando, con las evidentes particularidades que diferencian a una y otra época. Y en aquellos años, la historia, la ciencia histórica, se convirtió en fundamental objeto de estudio y de debate. Se discutía sobre el carácter que debía tener una revolución que se veía cada vez más cerca, en el contexto de una profunda crisis económica y política y en medio de un creciente ascenso de la lucha popular. Y para responder a las preguntas que se planteaban fue necesario volver la mirada hacia el pasado, al objeto de intentar comprender el proceso histórico del país en los últimos dos siglos. El debate científico estuvo, pues, mediatizado por el debate político. No podía ser de otra forma. La historia, para estar viva, tiene que ponerse al servicio de la lucha de clases.

En aquellos apasionantes debates se acabaron imponiendo las clases dominantes, que contaron con el decisivo apoyo que les proporcionó el revisionismo, en el que se inscribieron los más destacados historiadores del momento. Y durante los años ochenta, la situación revolucionaria remitió. Con la entrada del país en la CEE volvieron a registrarse elevadas cifras de crecimiento económico, el nuevo sistema de gobierno consigue finalmente consolidarse y las grandes luchas populares fueron poco a poco desapareciendo. Dejaron, eso sí, importantes lecciones para la historia (Reinosa, Bilbao, Riaño, etc.) que tendrán que ser estudiadas y discutidas en ésta época por los historiadores que se comprometan con la lucha de clases actual.

Los debates historiográficos se fueron cerraron, quedando nada más que controversias más o menos insignificantes, y la historia se fue muriendo.

Una vez cumplida —con indudable éxito— su tarea, la historiografía revisionista entra en crisis y es abandonada casi por completo. A las clases dominantes ya no les servía para nada. Y los que no se pasaron a las nuevas corrientes postmodernas que el imperialismo fue imponiendo quedaron como viejos símbolos de una época ya periclitada.

Durante los noventa, tras unos años de crisis, tiene lugar, a partir de 1996, otro ciclo expansivo, en el que se alcanzan nuevamente elevadas tasas de crecimiento económico. Son los años en los que se genera la famosa burbuja inmobiliaria, que se inflaba cada día más, en una escalada especulativa que no se había visto desde mediados del siglo XIX. Las grandes empresas monopolistas españolas, financiadas por el crédito abundante y barato que proporciona la banca europea, volvían a surcar — arrogantes— los mares en busca de países en crisis a los que colonizar. Se empieza a hablar de un nuevo “milagro económico español”, equiparable al que se había producido en los años del desarrollismo franquista.

Y la burbuja inmobiliaria generó la burbuja historiográfica, encumbrando a una serie de historiadores mediáticos que comienzan a redactar la nueva síntesis de la historia de España. A las clases dominantes de aquellos años les hacía falta una síntesis acorde con los tiempos exitosos que se vivían, para reforzar la imagen de un país que aspiraba a convertirse en la séptima potencia mundial por PIB; para reforzar lo que ahora llaman “la marca España”. Porque España iba bien. Y no es que fuera bien en aquel momento; es que siempre había ido bien, aunque una serie de pesimistas, frustrados y con complejo de inferioridad se hubiesen empeñado en no reconocerlo. Las campanas de todas las iglesias repicaron por la normalidad de la historia de España. Y comenzó la fiesta.

En 2008, en el contexto de la crisis del capitalismo internacional, estalla la burbuja inmobiliaria y queda a la vista de todo el mundo que lo que llamaban milagro no había sido más que un espejismo. La crisis es internacional, pero golpea en España con mucha mayor virulencia que en otros países, poniendo de manifiesto los graves problemas estructurales que arrastraba su frágil economía. El paro sube hasta los seis millones de personas; miles de familias son desahuciadas de sus viviendas. Se acabó la fiesta.

Ahora toca ajustar las cuentas con aquella historiografía; con la de los revisionistas de los años setenta y ochenta y con los liberales que vinieron después. Es necesario reabrir los debates que se cerraron en falso y volver a discutir sobre el carácter de España y sobre las claves del proceso histórico que ha llevado al país al actual hundimiento. Para ayudar a los que tienen que dirigir en el futuro inmediato las luchas del pueblo a encontrar el camino que en los años setenta no fue posible encontrar. Porque la historia tiene que volver a fundirse con la lucha de clases. Solo así podrá volver a la vida.

[Ver índice]

[comprar libro]

Circulo rojo


Estadísticas web

¡Alégrense chicos, ya vienen las inversiones!


Hubo un tiempo, al principio de la crisis, en que comenzó a decirse que había que cambiar el modelo económico de España. Para todos era evidente: nuestro país tenía importantes “problemas estructurales”. Lo decían hasta los más reputados analistas internacionales: “el modelo de crecimiento que ha tenido España ha llegado a su fin porque estaba impulsado por una amplia disponibilidad del crédito y eso no va a volver. Además, el crédito se ha dirigido a sectores que no ofrecen capacidad de exportación de cara al futuro, como el sector inmobiliario o el financiero”. Y era cierto: casi el 40% del PIB dependía del ladrillo, y con el ladrillo, la especulación, la corrupción urbanística.

7G1C0282.jpg

Ya todos lo decían, y además era evidente. Sin embargo, al Gobierno de turno le costó comprenderlo. Durante un tiempo intentó evitar la crisis con una brillante estrategia: repetir una y otra vez la consigna mágica: “España no está en crisis económica”, “es prácticamente imposible que se reproduzca en España la crisis hipotecaria de EEUU”. Se trataba, básicamente, de cerrar fuertemente los ojos y rezar para que, al abrirlos de nuevo, el monstruo hubiese desaparecido. La estrategia se fundamentaba en una compleja teoría que defienden multitud de economistas: las crisis se producen… porque la gente se empeña en decir que hay crisis. Uno lo dice primero, luego otros comienzan a repetirlo, la gente se asusta y deja de comprar, las tiendas cierran, etcétera, etcétera. Por lo tanto, la crisis surgen… en la mente de la gente.cataluña_Zapatero_crisis[1]

Poco a poco, visto que la brillante estrategia y la compleja teoría en la que aquella se sustentaba no producían los efectos esperados y la economía del país comenzaba a desmoronarse, fueron comprendiendo que, efectivamente, la economía de España debía tener graves “problemas estructurales”.

Entonces se pusieron manos a la obra para conseguir que el país saliese “airoso” de la  “crisis internacional pasajera”. La nueva estrategia pasaba por “cambiar el patrón de crecimiento de la economía española” que, hasta ahora, dependía en gran medida del mercado de la vivienda”. “A diferencia de Alemania, no podemos salir de la crisis con el mismo modelo económico con el que entramos porque el sector de la construcción no va a recuperarse al mismo nivel. Vamos a potenciar sectores de futuro y que permitan que la economía española se recupere”. E hicieron lo que hacen los gobiernos: leyes. Efectivamente, el BOE del 5 de marzo de 2011 publica la “Ley 2/2011, de 4 de marzo, de Economía sostenible”, ¿alguien se acuerda? La Estrategia para una Economía Sostenible —se explica en el Preámbulo— daba prioridad al incremento de la inversión en investigación, desarrollo e innovación para servir a un nuevo crecimiento, a un crecimiento equilibrado, duradero, sostenible, asentado en la mejora de la competitividad, en la innovación y en la formación…

LES1_tn496x3291

Bellas palabras. Los hechos, sin embargo, fueron otros. A los pocos meses de la promulgación de la Ley, ya saltaba la alarma en la comunidad científica al conocerse el recorte del dinero destinado a financiar los proyectos de I+D, las becas y los contratos de investigadores que el Gobierno planteaba realizar en el siguiente año. Pero los recortes no se quedaron ahí. En el presupuesto para 2012 se recortaron 600 millones de euros sobre el presupuesto ya recortado del año anterior. Todo en un país en que la propia estructura de las empresas (el 99,88% de las empresas son pymes) y la mentalidad rentista de la mayoría de los empresarios hace inviable dejar el I+D en manos del mercado, de la iniciativa privada.

recortes--478x350Fuente: ABC.es

Total, que el sueño de cambiar el modelo económico español se reveló, efectivamente, como un sueño, una quimera, algo imposible con nuestros mimbres. Por lo tanto, el asunto se olvidó y no se habló más del tema.

Luego llegó el nuevo Gobierno de turno y cogió el toro por los cuernos. Si la economía española tenía graves problemas estructurales, había que poner en marcha grandes reformas estructurales: la del sector financiero, la del mercado laboral (abaratando costes laborales y despidos) y la estabilidad presupuestaria. En cuanto a aquello del cambio del modelo económico, si el Gobierno saliente ya lo había enterrado, no sería el Gobierno entrante el que fuera a resucitar esa ridícula utopía progre. España puede salir de la crisis con el mismo modelo económico con el que entró en ella. Igual que Alemania. Y no se hable más. Lo que hay que hacer es corregir algunos desajustes y favorecer las condiciones para que el dinero vuelva a entrar en España. Y sentarse a esperar, aprovechando cualquier ocasión para decir que ya se está saliendo de la crisis, siguiendo la misma compleja teoría económica que antes mencionamos: Uno lo dice primero, luego otros comienzan a repetirlo, la gente se anima y comienza a comprar, las tiendas abren, etcétera, etcétera. Porque las recuperaciones surgen… en la mente de la gente; de alguna gente.

Estos días han sido destacados miembros de la oligarquía económica los que se han puesto a repetir la cantinela. Uno lo dijo primero (Botín, BSCH) y otro comenzó a repetirlo (Alierta, Telefónica), éste último representando nada menos que a todo un think tank (el Consejo Empresarial de la Competitividad). Y si lo dice todo un think tank, por algo será. Ya solo falta que la gente se anime y comience a comprar, las tiendas abran… Porque, según parece, en España está entrando dinero por todas partes. Dinerito fresquito, y sin necesidad de cambiar el modelo económico. ¡Genial!

alierta_botin_telefonica_santander-600x221

 Y puede que sea cierto. En las temporadas de rebajas, como en los mercadillos, la gente se anima a hacerse con las gangas y aumentan las ventas. Y España está en venta… a precio de saldo. Por eso entra dinero, porque hay compradores. Se vende la riqueza de nuestro subsuelo y muchas de las empresas que se encuentran sobre el mismo suelo. Según los datos que se manejan, está aumentando la Inversión Extranjera Directa (en 2012 subió un 3,7% y más está subiendo en 2013) y la inversión de cartera (en acciones en la bolsa). El dinero que se fue de España cuando su economía comenzaba a desplomarse vuelve ahora “animado por el bajo precio de los activos españoles”. “La bolsa española está barata” y también lo están muchas empresas: “Es ahora cuando hay que comprar, cuando las cosas están baratas. Bill Gates ha visto que FCC tenía mucho valor y ha hecho lo lógico: comprar cuando el precio es más barato que el valor. Y eso es lo que está haciendo ahora muchísima gente en la bolsa”, explica un profesor de Economía del Instituto de Estudios Bursátiles.

España se vende

Así que no es extraño que sea verdad lo que dice, exultante, nuestra vendida oligarquía. Entra dinero en España. Y más que va a entrar, a corto plazo, a medida que se profundiza en el proceso de desinversiones que están protagonizando las multinacionales “españolas” en el extranjero, particularmente en América Latina, para hacer frente a su elevado endeudamiento. Un ejemplo lo tenemos en la petrolera Repsol, una de las integrantes de la armada “española” en Latinoamérica, aunque más del 50% de sus acciones se encuentra en manos de capital extranjero. En los últimos tiempos ha vendido a la china Sinopec el 40% de su filial brasileña, el 3,3% de YPF a dos fondos de inversión, el 30% de Refap a la brasileña Petrobras, etc.  En el sector energético se han producido un total de 34 desinversiones; en el financiero, 24; y en el de infraestructuras, 19. Las transacciones se han producido en Chile, Brasil, Estados Unidos, México, Argentina, Perú y Colombia. Ciertamente, aún mantienen las multinacionales “españolas” un nivel importante de IED en Latinoamérica. De hecho, “España” sigue siendo uno de los principales inversores en la región, aunque -desde antes de la actual crisis- entre el 30% y el 60% del capital de sus multinacionales estaba en manos de fondos de inversiones extranjeros, principalmente de Estados Unidos, Reino Unido y resto de Europa. Sin embargo, este destacado papel que las multinacionales “españolas” han venido desempeñando a nivel internacional no puede sino tender, en la actual crisis, a la reducción, tanto en valores absolutos como relativos. Así, “mientras que las multinacionales norteamericanas incrementaron su participación en los flujos de IED hacia los países de América Latinan, España, que en 2011 había sido el tercer país en orden de importancia, perdió fuelle. Las inversiones de firmas españolas se redujeron sensiblemente en un contexto de desinversiones y cayeron del 14% al 5% del total, al mismo tiempo que las de China escalaron posiciones y las de Holanda aumentaron un punto, al 11%”. “No creo que el país tenga el capital para crecer en la región, pues le falta recursos para mejorar su propia economía“, comenta Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). De hecho, el proceso de desinversiones de las empresas españolas en el exterior ha crecido un 412% en relación con el año anterior y seis veces más que en 2010.

Dolares

Por lo tanto, debe ser cierto que, por un lado y por otro, está entrando dinero contante y sonante a España, pero cuanto más dinero entra más se reduce el protagonismo del imperialismo español y más aumenta la dimensión semicolonial de nuestra economía; una dimensión que el país no ha podido superar durante toda la contemporaneidad (siglos XIX-XXI) y que no puede explicarse al margen de una inconclusa revolución burguesa que, en el siglo XIX, no fue capaz de llevar a la burguesía al Poder estatal. Si esto no se comprende no puede entenderse tampoco la inutilidad de cualquier esfuerzo que se haga para cambiar radicalmente nuestro modelo económico, nuestro “patrón de crecimiento”. Aunque algún Gobierno se lo tomase realmente en serio -cosa que en verdad creo que nunca se ha hecho- chocaría con los intereses de la retrógrada oligarquía en la que cualquier Gobierno en España ha de sustentarse.

Por tanto, podremos volver, como dicen, a cifras de crecimiento positivo, pero será a costa de ser cada vez más semicoloniales, de tener una economía más sometida a los intereses del capital extranjero. Y el pueblo será quien lo pague. La cuestión no es, pues, crecer o no crecer, sino hacia donde se crece. Porque crecer ya crecimos mucho en otro tiempo, en los años buenos de la burbuja inmobiliaria. En 1995, por ejemplo, nuestro PIB creció un considerable 5%. Pero aquel crecimiento fue la antesala de este hundimiento. Y seis millones de parados lo están pagando.

Por lo tanto, las declaraciones de Botín y Alierta son como si los indígenas americanos, viendo llegar los barcos de los conquistadores que venían a saquearlos, hubiesen exclamado: ¡alégrense, chicos, ya vienen las inversiones! Hay gente que nunca cambia.

bienvenido_mister_marshall_7

[fotograma de la película “Bienvenido Mister Marshall”,

de Luis García Berlanga]

Homenaje a los mineros leoneses


“..Leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas”. (“Vientos del Pueblo”, Miguel Hernández)
Luto minero

Estadísticas web

“Ve a España y diles a los españoles cuánto los apreciamos”. Presentación de “España, colonia yanqui”, de Felipe Muñoz Arconada (1951).


Ve a España y diles a los españoles cuánto los apreciamos”. “Que sepan lo mucho que les agradecemos su situación estratégica y el hecho de que nos acojan aquí”. Estas son las instrucciones que Barak Obama le dio a James Costos, antes de que partiera a hacerse cargo de la embajada de los Estados Unidos de América en España, en sustitución de Solomont, su antecesor en el cargo.

Costos venía ejerciendo hasta este momento la vicepresidencia de licencias y comercio minorista de la multinacional americana HBO, y no oculta que la ciberpiratería es uno de los temas en los que se va a centrar, ayudando al Gobierno de España a aplicar sus leyes… las leyes de España, se entiende: “Estoy deseando colaborar con el Gobierno de España para resolverlo. El problema no es tanto de leyes, que existen, como de falta de aplicación, de que no se imponen debidamente”.

EEUU y España

Pero este intervencionismo en la política de un país supuestamente soberano, con ser importante, no es la principal tarea que le ha sido encomendada al nuevo embajador: “Mi principal foco de atención en estos momentos es el terreno militar, por supuesto, la defensa y la seguridad. Y esto es algo que el presidente quiso que dejara muy claro a los españoles: que sepan lo mucho que les agradecemos su situación estratégica y el hecho de que nos acojan aquí”.

La llegada del nuevo embajador —cual modernísimo virrey imperial— coincide con el 60º aniversario del “Convenio defensivo, de mutua defensa y ayuda económica entre EEUU y España”. Firmado en 1953 por el dictador fascista Franco y el presidente Eisenhower, el acuerdo abrió las puertas a la presencia militar de los Estados Unidos de América en España. A cambio de un poco de ayuda económica, el acuerdo ponía un país hundido como España al servicio de los intereses militares de la que sería nueva superpotencia mundial, en sustitución de Alemania –derrotada en la guerra—y del Reino Unido y Francia, vencedoras de la guerra pero perdedoras de la postguerra.

Eisenhower y Franco

Han pasado 60 años y parece que estamos en el mismo punto. Desvanecidos los sueños imperiales que se generaron, sobre todo, a partir de los años noventa por el espejismo del “milagro económico español”, el Gobierno norteamericano acrecienta su penetración militar en el país. Se refuerza así el papel de España como plataforma de su agresiva “diplomacia” internacional, o sea, de las intervenciones militares —también llamadas guerras— con las que pretenden mantener una hegemonía mundial que le disputan pujantes competidores como China y Rusia.

Para ello la base naval de Rota recibirá en unos meses a los cuatro destructores norteamericanos que, equipados con el sistema Aegis antibalístico, vienen a integrarse en el conocido como Escudo antimisiles de la OTAN: “El momento más emocionante —explica el embajador— será la llegada de los cuatro destructores y me sentiré muy honrado de estar presente en la entrega”.

Además, la base de Morón de la Frontera acoge ya a una fuerza de intervención rápida de quinientos soldados norteamericanos y ocho aeronaves, preparadas para desplegarse rápidamente en cualquier país del norte de África en el que se demanden sus “servicios”.

Moron-USA

Igual que en los años cincuenta, los capitales extranjeros se abalanzan raudos sobre una hundida España para hacerse con un botín nada despreciable. Y entre esos capitales destacan los norteamericanos, igual que entonces[1]. El nuevo embajador no lo oculta: su siguiente prioridad, después de la militar, será la económica, haciendo de intermediario entre las empresas españolas y las multinacionales norteamericanas, al objeto —afirma Costos— de “colaborar” contra el paro: “También nosotros tenemos desempleo, así que entiendo lo que los parados sufren”. Sin embargo, no parecen preocuparle al nuevo embajador los miles de parados que está generando en las cuencas mineras de Asturias, León, Palencia y Aragón la importación masiva de carbón colombiano, extraído en condiciones semiserviles por multinacionales norteamericanas como Goldman Sachs, uno de los grandes bancos que detonaron la actual crisis económica mundial con sus hipotecas subprime.

La política que James Costos ha venido a impulsar en nuestro país no se limita a reforzar su presencia militar en nuestro territorio —“para proteger los intereses españoles” en el norte de África—, ni a ampliar la penetración de las multinacionales americanas —para ayudarnos a acabar con el paro—, ni siquiera a colaborar con nuestro Gobierno para que en España se cumplan las leyes. También viene a culturizarnos. El embajador no lo oculta: tras la militar y la económica, su prioridad será la cultural (ElPaís.com, 24-09-2013).

En este contexto que nos encontramos, parece recobrar mucha actualidad una obra que publicó en México en 1951 Felipe M. Arconada, hermano del literato César Muñoz Arconada, alguna de cuyas obras están disponibles en este blog, en la sección de Lecturas. Felipe Muñoz Arconada fue periodista, miembro del Comité Central del PCE, Secretario General de la Juventud Socialista Unificada en Madrid y responsable de la misma en el Ejército del Ebro, durante la Guerra Civil. Tras la finalización de ésta, vivió exiliado en Francia, Santo Domingo, Cuba, México y Hungría. Falleció en Madrid en 2003, a los 91 años.

Felipe M. Arconada-2El libro que ahora reseñamos se titula “España colonia yanqui: penetración del imperialismo norteamericano en España y evolución actual de la situación económica del franquismo”. Cuando se escribió aún faltaban dos años para la firma de los acuerdos hispano-norteamericanos de 1953, aunque había un “largo trecho de camino ya recorrido por la senda desastrosa del semicolonialismo”. Presentamos extractadas a continuación las principales ideas que se exponen en el libro [para los que ahora no vayan a leerlo entero] , una obra que los que estén interesados pueden leer directamente en este blog, en la sección de Materiales para la historia.

Arconada contextualiza históricamente el sometimiento de la política y la economía españolas a los intereses del imperialismo norteamericano. Efectivamente, el hecho en sí de la dominación sobre la vieja metrópoli colonial no era novedoso más que por el país que ejercía ahora el control principal. Lo cierto es que desde el siglo XIX –para no remontarnos ahora hasta el Antiguo Régimen— la economía hispana fue puesta al servicio de los intereses de los capitales extranjeros:

“…a partir de la segunda mitad del siglo pasado, las empresas imperialistas británicas, franco-belgas, y, más tarde, alemanas, han disfrutado de posiciones de primera importancia en los sectores fundamentales de la economía nacional; el de que –por efecto de la propia debilidad del capitalismo nacional— los elementos que hoy forman la oligarquía financiera han crecido y se han desarrollado, en gran medida, a la sombra de los intereses extranjeros dominantes en España y estrechamente conectados a ellos, sirviéndoles de agentes y de intermediarios y adquiriendo una larga experiencia de “colaboración” con los truts internacionales”… (p. 13).

 Tras la finalización de la segunda guerra mundial, la semicolonialidad se mantuvo pero se produjo un recambio en la nacionalidad de los dominadores. Felipe M. Arconada sintetiza en diversos puntos la forma por la que este proceso se estaba llevan a cabo:

 “Desde el 7 de julio de 1949, se está procediendo a la «adjudicación» de las empresas alemanas «expropiadas» con arreglo al Convenio concertado con los «aliados». Esta «expropiación» se ha traducido, lisa y llanamente, en el traspaso a manos norteamericanas de los extensos intereses y empresas de primera importancia que los alemanes poseían en España desde hace bastantes años, incrementadas en proporciones muy considerables durante el período en que los hitlerianos actuaron como los verdaderos dueños y señores de la economía franquista”.

[…] Esta operación ha permitido a los yanquis consolidar sus posiciones en sectores donde ya poseían intereses importantes (sector eléctrico); apoderarse del control monopolista de sectores de primerísima importancia (industrias química, farmacéutica, del caucho); ampliar su penetración en sectores donde sus posiciones eran débiles o inexistentes en otro tiempo (minería, siderometalurgia, empresas agrícolas y forestales, alimenticias, coloniales, seguros, etc.); acusar su presencia, convertida en muy corto plazo en dominante, según demuestra la experiencia, en las más diversas ramas de la economía nacional” (p. 18-19).

 Por otro lado —señala Arconada— hay que destacar otra vía de penetración del imperialismo norteamericano sobre la economía española, una vía que pasa por control del Instituto Nacional de Industria (I.N.I.), un instituto que fue concebido con una clara vocación militar:

 “El Instituto Nacional de Industria, con sus 45 empresas y sus 5,000 millones de pesetas de inversiones, no sólo constituye un suculento manjar para el voraz apetito del imperialismo yanqui, sino que, gracias a su control de los recursos estratégicos y a su situación privilegiada en cuanto a la utilización de las materias primas y mano de obra, se convierte en un valioso instrumento para la realización de sus planes de guerra y expansionismo económico.

Por añadidura, el I.N.I. disfruta de toda suerte de beneficios fiscales: exención total de los derechos de aduanas; reducción del 50 por 100 de las contribuciones de usos y consumos, de utilidades, de emisión y negociación de valores mobiliarios, de derechos reales y de timbre; facultad de expropiación forzosa de terrenos y materiales necesarios para sus instalaciones, etc. De esta forma, los grandes trust imperialistas yanquis obtienen en la España de Franco una situación sólo comparable a las más negras formas de explotación colonial, y los capitalistas y empresarios nacionales se ven reducidos a condiciones de inferioridad tales que hacen ilusoria cualquier posibilidad de competir en el mercado con las empresas yanquis “(p. 26).

 “Otro instrumento creado por los nazis y que, en la etapa actual, está siendo utilizado al máximo por los norteamericanos, es el Consejo Ordenador de Minerales Estratégicos de Interés Militar —C.O.M.E.I.N.—. El Consejo depende del Ministerio de la Guerra, siendo su Presidente el Ministro, y se halla directamente intervenido por la Misión Militar Norteamericana. «Expertos» yanquis, entre los cuales figuran H. M. Thorne, A. J. Kraemer y Louis Dupret, han realizado una prospección completa, no sólo del territorio nacional, sino también de Marruecos y las Colonias del África. Huelga decir que los yanquis no se interesan solamente por los minerales estratégicos, aunque éstos figuren en primer plano, sino que su interés se extiende a todas las riquezas minerales del país” (p. 27).

 “Factor de no menor importancia en la aceleración de la penetración norteamericana, es la eliminación por el imperialismo yanqui de las posiciones que detentaban en la economía española otros grupos imperialistas, y en primer lugar, los británicos y franceses, lucha aguda que desempeña importante papel”: “cada paso adelante en España de los yanquis, es un retroceso de los ingleses” [Ibárruri]. “El acto más espectacular en este terreno es, sin duda alguna, el paso del control del mercurio de Almadén de manos inglesas a manos norteamericanas”. (pp. 27-28).

 Arconada señala también las tensiones que la penetración norteamericana sobre España estaba generando en los países que tradicionalmente venían ejerciendo el control de la economía del país:

 “Estos hechos ayudan a explicar las reticencias de los círculos dirigentes anglo-franceses ante los tratos directos yanqui-franquistas. Cuando Mr. Eden, en la Cámara de los Comunes, critica el pacto bilateral, no es posible olvidar que Eden es Consejero de la «Riotinto» y de la «European Pyrites Corporation».

 Otra de las vías de penetración norteamericana sobre la economía española que se mencionan en el libro de Arconada consiste en una suerte de deslocalización industrial:

“Las empresas norteamericanas encuentran provechoso el suministrar la materia prima y elaborar los productos en las fábricas de sus filiales en España, para después colocarlos en sus mercados, incluso los más distantes, porque a pesar de los recargos que implican el doble transporte, los seguros, las aduanas, etc., les resultan a la postre más baratos que los fabricados en sus propias factorías de los Estados Unidos” [esto pone de manifiesto “la indecible explotación y el miserable nivel de vida a que el franquismo ha reducido a la clase obrera”.]

Gracias a su monopolio de las materias primas en el mundo capitalista, los norteamericanos em­plean el mismo procedimiento para apoderarse del control, utilizar en su beneficio y apropiarse de la mayor parte de la plusvalía extraída a los obreros en ramas completas de la economía franquista. Así, refiriéndose a los bajos precios de los productos pa­ra la exportación, “El Economista” del 8 de septiembre de 1951, al poner de relieve la brutal explota­ción que sufre la clase obrera, decía que «…nuestro modesto nivel de vida y el precio-oro de nuestros jornales hacen el resto, permitiéndonos la exportación de estos produc­tos industriales».

El ejemplo más notable es el de la industria textil. Los tejidos elaborados en Cataluña con algodón norteamericano vendido a precios exorbitan­tes, les resultan a los yanquis, en Nueva York más baratos que los fabricados en sus propias empre­sas. La Asociación de Manufactureros Americanos de la Industria Algodonera acaba de proponer uti­lizar la industria textil española para la producción de tejidos que «después ellos utilizarán en los “paí­ses atrasados” para intercambiarlos por minerales estratégicos necesarios a su producción de guerra”. (p. 33-34).

“Estos esquemas equivalen a entregar en manos de los imperialistas sectores completos de la industria nacional, cuyos obreros pasan a ser obreros colonizados, sometidos al doble yugo de los capitalistas indígenas y extranjeros, sin que las empresas imperialistas necesiten molestarse siquiera previamente en invertir capitales, ni en levantar instalaciones, ya que las encuentran montadas y en funcionamiento” (p. 34).

 “Resulta imposible, en un resumen de esta naturaleza, enumerar siquiera la multitud de empresas montadas con participación de capitales yanquis o que se han conectado a ellos, durante este período. La invasión es total, y encontramos sus huellas absolutamente en todos los terrenos, desde la producción, elaboración y exportación de aceite y aceitunas, hasta la radiodifusión y la prensa, pasando por la industria hotelera, la construcción o las inversiones inmobiliarias. El patrón es en todas partes el mismo: alianza de la oligarquía financiera, concentración, eliminación de concurrentes españoles y explotación inaudita de la clase obrera” (p. 35).

 “Los yanquis multiplican también sus acuerdos de cesión de patentes, diseños y marcas. Los españoles deben saber que en estos casos, incluso aunque no medien capital ni inversiones norteamericanas, cuando compran los objetos más diversos, desde un motor a una bombilla o un tubo de pasta dentrífica, el 10, el 20, el 30 por 100 de su dinero va a parar directamente a los bolsillos de los imperialistas” (p. 37).

 “No son estas las únicas palancas que los norteamericanos utilizan para colonizar a España. La precedente enumeración no agota, ni mucho menos, los métodos empleados por los imperialistas yanquis para la acelerada transformación de España en una semicolonia” (p. 37).

 “Este es el panorama que hoy ofrece España, entregada a la voracidad insaciable de los imperialistas. Mediante la combinación de estos diversos métodos y formas de penetración, los imperialistas yanquis poseen, como vemos, el control de los sectores fundamentales de la economía nacional; tienen en sus manos los resortes-clave que les permiten, con la criminal complicidad de los gobernantes franquistas, influir de modo decisivo en la evolución económica en el sentido que más convenga a sus intereses, el cual no puede ser ni es otro que la utilización de todos los recursos de España en la preparación de la guerra y la rápida transformación del país en un apéndice colonial del imperio yanqui.

Las consecuencias de este desarrollo determinan todos los problemas económicos que se presentan en España, e influyen directamente en la vida y en los intereses de todos los españoles…” (p. 42-43).

 Partiendo del problema del sometimiento semicolonial de la economía y la política española a los intereses del imperialismo norteamericano, Felipe M. Arconada hace una crítica de toda la política económica de la dictadura franquista y de la oligarquía que la sustenta:

 De este modo, se critica la política franquista de “consagrar a la preparación de la guerra una suma de recursos y de medios financieros que está fuera de toda proporción con las posibilidades del país”. Para ello se analizan las partidas consignadas a tal fin en los presupuestos generales del Estado; a raíz de esto se comentan las consecuencias negativas de tal política en la vida del pueblo (aumento de la inflación, recarga sobre las espaldas del pueblo de la carga impositiva, etc.) mientras que “las contribuciones que afectan de modo más directo a la oligarquía financiera-terrateniente, son las más reducidas y las que experimentan aumentos más tenues. Toda la propiedad rústica y urbana de España paga menos de la tercera parte de lo que se ingresa por usos y consumos. La contribución industrial representa apenas una octava parte. Pero, lo más escandaloso es la contribución sobre la renta, la contribución de los millonarios”. (p. 54-55).

 “El régimen franquista, que ve reducida la única esperanza de prolongar su existencia a la presencia de los norteamericanos en España y al desencadenamiento de la guerra, presta a estos planes toda su colaboración y con la ayuda de la oligarquía financiera y en beneficio de ella, orienta más y más toda la economía del país hacia la preparación de la guerra; consagra a estos fines en proporción cada vez mayor, todos los recursos materiales y humanos disponibles y arroja sobre la economía nacional una carga insoportable que precipita su hundimiento y su crisis, sumiendo al pueblo en una miseria sin fondo, arruinando a millares y millares de pequeños industriales y comerciantes y lesionando gravemente hasta los intereses materiales de capitalistas que hasta hace poco disfrutaban, dentro del marco del régimen, de una situación de verdadero privilegio”. (p. 61-62).

 La denuncia que Arconada hace de la actuación de la oligarquía financiera española en el contexto de crisis económica y pobreza generalizada en que se debate el país a mediados del pasado siglo podría extrapolarse casi en su totalidad a la realidad que se vive hoy en día:

 “La oligarquía financiera, como las aves carniceras que se alimentan de la carroña, prepara y se fortalece mientras más aguda es la crisis económica, mientras más gentes se ven arrastradas al hundimiento y a la quiebra. Cuanto más acuciante es la necesidad de crédito que siente un empresario, más onerosas son las condiciones que le impone la gran Banca. Las 472,164 letras de cambio, por 4.071,4 millones de pesetas, protestadas en 1950 por falta de pago, representan otros tantos tropiezos y dificultades, y en muchos casos, la ruina completa de milla­res y millares de modestos industriales y comercian­tes. Para la gran Banca, por el contrarío, constitu­yen un “método normal” de incrementar sus benefi­cios con los intereses de mora, renovación o protes­to, y en muchas ocasiones, la oportunidad de que­darse con negocios y empresas a precios irrisorios, en los innumerables juicios ejecutivos incoados por ella.

En la prensa financiera, en las revistas de las Cá­maras económicas y organismos oficiales, en las in­formaciones de Bolsa, en los discursos de los falangistas, se habla continuamente, de la escasez de di­nero, de la carencia de capitales. Estas afirmaciones se repiten con machacona insistencia por los propios capitostes de la oligarquía financiera, en sus infor­mes y memorias. Se trata de la más burda de las mixtificaciones, de una campaña trapacera montada en todas sus piezas y sostenida arteramente para tratar de ahogar la indignación y la protesta de los trabajadores. Para ellos sí que no hay dinero; ellos sí se mueren de hambre, con sus 16 pesetas de jornal medio, cuando logran trabajo. Esa campaña falaz tiende a engañar al empresario a quien se niega un crédito de unos miles de pesetas, mientras se abren créditos sin tasa y por cientos de millones a las grandes empresas; el comerciante modesto, cuya tienda va quedando desierta, por falta de poder ad­quisitivo de su clientela y vive bajo la continua ame­naza de los vencimientos de pagos; al capitalista in­dependiente, que ve con zozobra cómo su empresa queda rezagada y envejece, falta de capitales, mien­tras las filiales de los monopolios yanquis y de los grandes Bancos se modernizan y le desalojan del mercado, por la competencia.

El dinero abunda, pero está en manos de la oli­garquía financiera. Lo hemos visto desfilar hacia sus cajas fuertes por cientos de millones de pesetas, producto de la sobreexplotación de la clase obrera, llevada con una brutalidad y una intensidad como jamás se había conocido en la historia de nuestro país. Ese dinero acaparado según hemos visto por la, gran Banca, se lo llevan los imperialistas yanquis, se gasta sin tasa, en la preparación de la guerra o desaparece en las fauces insaciables de la oligarquía financiera.

Para todo lo demás, no hay dinero. No lo hay para atender a las más apremiantes necesidades del país, ni para llevar agua a las tierras sedientas, ni para dotar de techo a los cientos de miles de espa­ñoles que viven en cuevas, ni para poner coto a los estragos de la tuberculosis y otras enfermedades que son hoy, bajo el franquismo, como una plaga bíblica, ni para abrir escuelas con destino a los dos millones y medio de niños que carecen de ellas.

“No hay dinero”. Menos aún lo hay para pagar a los obreros un salario que les permita vivir medio decentemente, haciendo frente al alza constante de la vida, de los productos de primera necesidad; para reducir la carga abrumadora de las contribuciones e impuestos que pesan sobre los pequeños industriales y comerciantes; para ofrecer créditos baratos y a lar­go plazo a los empresarios modestos y a los campe­sinos pobres.

Tal es, en sus rasgos más generales, el poder omnímodo, el peso aplastante de la oligarquía finan­ciera en nuestro país. Y así, vemos perfilarse, una vez más, la criminal trilogía responsable de la ruina y el desastre de España; el imperialismo yanqui, la oligarquía financiera y el instrumento político de ambos, la camarilla gobernante de vendepatrias y estraperlistas franco-falangistas” (p. 73-76)

Como han podido comprobar en los extensos extractos que aquí hemos seleccionado, la obra de Felipe M. Arconada España colonia yanqui está de actualidad. Igual que cuando él la escribió, la economía del país se encuentra hundida. La semicolonialidad, que viene desarrollándose en mayor o menor medida desde el siglo XIX —en paralelo a una contrapuesta dimensión imperialista actualmente en crisis—, se acentúa día a día hasta el punto de que la soberanía nacional se encuentra hoy seriamente en entredicho.

Rajoy-Merkel

Efectivamente, la política del Gobierno de España se dicta y supervisa por los organismos internacionales que tienen en su mano la supervivencia (mediante instrumentos como el rescate financiero de la banca española) o el colapso total de su economía. El Gobierno del PP se ve obligado a aceptar el incremento de la presencia militar norteamericana en el suelo nacional y a respaldar, militar o políticamente, cuantas operaciones de agresión imperialista lleve a cabo del Gobierno de los Estados Unidos en el Norte de África, Oriente Medio o donde sea que éstas se produzcan (Siria, Libia, etc.).

Paralelamente, los recursos naturales (minerales), infinidad de propiedades rústicas y urbanas y muchas empresas –incluido oficinas bancarias- se están vendiendo a precio de saldo, para beneficio de los fondos buitre, la mayoría norteamericanos (Apollo Management International, Cerberus, Centerbridge, etc.), que se están poniendo las botas:

“Su estrategia se basa en comprar activos a precios muy rebajados, mantenerse en el capital periodos de tiempo de entre cinco y siete años, y desinvertir con enormes ganancias”. “Cada día estos fondos invierten en alguna parte del mundo, preferentemente en países que atraviesan dificultades. En los momentos de crisis importantes, hay dos sectores que despiertan interés: el financiero y el inmobiliario, explica un alto directivo bancario español”. (ElPeriódicodearagón.com, 11-09-2013).

Fondos buitre

 Algunas de las grandes empresas españolas ya han acabado total o parcialmente en manos de capital extranjero. La Compañía Española de Petróleos (CEPSA) es, desde 2011, propiedad de International Petroleum Investment Company (IPIC), constituida por el Gobierno del Emirato de Abu Dhabi. ENDESA ­-principal compañía eléctrica de España y principal multinacional energética de Latinoamérica- ha pasado a manos italianas, desde que en febrero de 2009 la eléctrica ENEL se hizo con el 92,06% de sus acciones. En cuanto a la otra gran petrolera española, REPSOL, aunque supuestamente sigue siendo española, lo cierto es que el 51% de sus acciones están ya en manos de capital extranjero: el 42% pertenece a diversos fondos de inversión extranjeros y el 9,49% a la multinacional mexicana PEMEX.

logo_endesa_enel

Visto globalmente, el capital extranjero era ya dueño, en 2009, del 40% de las empresas españolas que cotizan en bolsa, 7,5 puntos por encima de nivel de 2006. Y seguramente la cosa no acabará aquí. La caída en bolsa desde 2008 de la mayoría de las grandes empresas del Ibex 35 ha dado lugar a que tengan un valor inferior al de su patrimonio neto. Esto las hace especialmente interesantes para posibles OPAs de multinacionales o fondos de inversión extranjeros. En esta situación se encontrarían el 54% de los valores del Ibex, entre las que se contarían –según un estudio de Expansión– empresas de la talla de Telefónica, BSCH, BBVA, Caixabank, Iberdrola y Repsol. Según el Director general de Renta 4, “de materializarse la toma de control por parte de empresas extranjeras de nuestras principales compañías, se produciría un desplazamiento de los centros de decisión fuera de nuestras fronteras”, lo que reforzaría aún más la tendencia semicolonial de nuestra economía. Hasta aquí ha descendido, por ahora, el país que pretendió erigirse en potencia mundial sobre sus endebles pies de barro.

[Leer España colonia yanqui]


[1] La inversión de los Estados Unidos de América en España durante los años sesenta suponía entre un 40 y un 60% de toda la inversión extranjera en España. Con la entrada de España en la Unión Europea, este porcentaje se redujo, aunque las multinacionales norteamericanas continuaron desempeñando un papel muy destacado en la economía española, incrementándose sus inversiones en la segunda mitad de los años noventa. (Adoración Álvaro, Nuria Puig y Rafael Castro, “Las empresas multinacionales extranjeras en España, Inqualitas.net).